Era plena pandemia. De esas mañanas en las que el mundo parecía suspendido en el tiempo. Abel Quispe Ranilla y su primo hermano Diego, al que todos conocían como Cuyi, pasaban las horas jugando en la computadora.
Aquel día, como a las 11 de la mañana, Norman, el hermano mayor de Abel, llegó a casa. Venía con su ropa habitual y con el barbijo tapándole el rostro. Apenas cruzó la puerta, se acercó sigilosamente a su primo hermano, lo tomó por los hombros y le dijo en voz alta, medio riéndose: ¡Hola Cuyi! Ambos chicos, concentrados en su partida, no voltearon, pero si se asustaron. ¡Ya pues, Norman! ¡Nos vas a hacer perder! —dijeron casi al unísono.
Norman soltó una risa y subió rápidamente al tercer piso, donde solía meterse a escuchar música o mirar cosas en su celular. Nada fuera de lo normal. Hasta que pasó algo imposible… Unos veinte o treinta minutos después, la puerta principal volvió a sonar. Y Norman volvió a entrar. ¡Otra vez! Vestido igual, con barbijo incluido, esta vez menos efusivo, caminó con calma, y saludó a ambos de forma más parca.
Ellos se quedaron boquiabiertos. ¿Hermano…? —dijo Abel. ¿Cómo que has vuelto a entrar? —¿Qué? respondió Norman, confundido.—¡Si ya habías venido hace rato! ¡Subiste al tercer piso! —intervino Diego. Norman los miró serio —Están locos, recién llego. Mis clases acabaron recién.
Ambos muchachos se miraron. La confusión era total. ¿Cómo podía estar llegando si nunca lo vieron salir? La casa tenía un solo pasadizo angosto, de esos que crujen con cada paso. Era imposible que no lo vieran bajar.
—No es broma, ya habías venido… incluso me hablaste y me agarraste del cuello, ¿no te acuerdas? —dijo Diego, casi sin voz. Norman solo sonrió, un poco incómodo. No dijo mucho más. Subió al tercer piso como si nada.
La frase quedó flotando en el aire como una neblina densa. Ninguno se rió. Ambos sabían lo que habían visto y sentido. Desde entonces, no han vuelto a hablar del tema. Pero a veces se preguntan si aquel que llegó primero era su hermano. O solo una sombra recorriendo por última vez la casa. Dicen que cuando alguien va a morir, recorre sus pasos pero Norman hasta la fecha sigue vivo.
