ERICH VON DÄNIKEN EN LAS PROFUNDIDADES DE LAS CHINKANAS INKAS DE LA ZONA X EN PERÚ

Ha muerto Erich Von Däniken, el padre de la teoría de los antiguos astronautas y de los paleocontactos. Su best seller y primer libro, Recuerdos del futuro publicado en los setentas, vendió millones de copias en numerosos idiomas y se convirtió en un verdadero fenómeno cultural. Tal vez no fue la primera persona en hablar de los enigmas arqueológicos imposibles y su conexión con los extraterrestres, pero sí fue quien logró difundir estas ideas a nivel mundial y hacerlas accesibles al gran público. Su estilo claro, su lenguaje sencillo y su manera de formular preguntas incómodas a la ciencia oficial fueron, sin duda, fue la clave de su enorme aceptación.

Durante un viaje que realicé a la ciudad de Palpa, para conocer sus líneas y geoglifos, visité el museo local. Allí, mientras la guía oficial explicaba las teorías sobre las líneas vinculadas a Nasca, mencionó —entre otras hipótesis— que estos enigmáticos dibujos pudieron haber sido hechos para los dioses, incluso para los extraterrestres. Citó a Erich Von Däniken y, aunque no compartía del todo su teoría, afirmó que gracias a él las Líneas de Nasca alcanzaron una exposición mundial y que su obra impulsó decisivamente el turismo en la zona.

En sus libros, Däniken siempre reconoció el trabajo de María Reiche, a quien distinguió como la mayor estudiosa de las Líneas de Nasca. Nunca dejó de mencionar su figura, pero a nivel de difusión global, fue él quien dio el gran empuje mediático al tema.

Luego vendrían sus documentales, especialmente Carrozas de los dioses, donde su libro cobró vida en el celuloide. La película fue un rotundo éxito y se transmitió durante los años setenta, ochenta y mucho tiempo después en la televisión de distintos países. Yo era apenas un niño cuando me encontré con ese documental en un canal antiguo, en una época sin VHS, ni internet. Lo busqué durante años en vano, pero esa búsqueda me llevo a mi primer libro de Däniken: ¿Me he equivocado?

Volviendo a sus películas, llegó una segunda parte titulada El Mensaje de los Dioses, estrenada en los años ochenta. Pasarían cuatro décadas para que uno de sus discípulos, Giorgio Tsoukalos junto al canal History, relanzara esta franquicia con un nuevo nombre: Alienígenas Ancestrales. Fue como una semilla que finalmente germinó, esta vez en forma de una serie de televisión que se convirtió en el legado audiovisual de Däniken y en un verdadero tributo a su obra.

Hoy, Alienígenas Ancestrales es uno de los programas más longevos de la televisión dedicados a estas teorías, con más de veinte temporadas, explorando los misterios del pasado, las civilizaciones antiguas y la posible intervención de visitantes de otros mundos.

Sin duda, Däniken no estaba del todo equivocado. Al menos en parte, seguimos frente a un enigma extraterrestre. Es posible que los dioses hayan existido, que hayan existido otras humanidades antes de la nuestra.

Hace algunos años, en Cusco, entrevistando a Jesús Gamarra, autor del libro Parawayso, me contó una anécdota reveladora. Me mostró un ejemplar de época de: Regreso a las estrellas, el segundo gran best seller de Däniken, autografiado por el propio autor, a quien conoció en Cusco en los años 80. Ambos intercambiaron información, y Gamarra le explicó que la zona visitada por Däniken —publicada en el libro— era conocida como la Zona X, nombre con la que él mismo había bautizado al misterioso lugar.

Däniken aportó una idea poderosa a la teoría de Gamarra: sostuvo que los megalitos del Cusco fueron construidos por una civilización muy antigua alienígena, poseedora de avanzados conocimientos científicos, capaz de tratar la piedra como si fuera un molde. Esto detonó en Gamarra la hipótesis de la cosmogonía de los tres mundos y de la arquitectura del Hanan Pacha. Teoría que habla de la piedra moldeable, anterior al Diluvio.

A continuación, reproducimos algunos pasajes del célebre libro Regreso a las estrellas, donde se menciona este viaje al Perú y la misteriosa zona de las chinkanas incas:

Durante nuestro último viaje por Perú, en 1968, mi amigo Hans Neuner y yo visitamos de nuevo las construcciones megalíticas de Sacsayhuamán, que se encuentran en los límites de la antigua fortaleza inca de Cuzco, entre los 3.500 y los 3.800 metros de altitud
Nos acercamos una vez más a aquellas ruinas -que no son tales en el verdadero sentido de la palabra- provistos de la cinta métrica y cámara fotográfica. No se trata de piedras partidas, de formas indefinibles, ni de restos desconocidos de cualquier tipo de construcciones históricas. El laberinto rocoso de Sacsayhuamán da la impresión de ser una última superestructura, realizada con gran refinamiento técnico. Quien haya permanecido durante días enteros en el aire enrarecido de esta altiplanicie, entre gigantes de piedra, cuevas y monstruos de roca; quien haya tocado las paredes, lisas y bien trabajadas, difícilmente podrá seguir aceptando la explicación de que todo esto fue obra del hombre y de que para ello utilizó simples cuñas de madera y herramientas de piedra.


Voy a dar un ejemplo, medido por nosotros: En un bloque de granito de once metros de altura por dieciocho de anchura, que parecía haber sido arrancado de la pared rocosa, se había cortado un rectángulo de 2,16 metros de altura, 3,40 de anchura y 0,83 de profundidad. ¡Un trabajo perfecto! Allí no hay nada hecho a pedazos o incompleto, nada desigual o tallado de forma tosca. Aunque aceptáramos la posibilidad de que canteros especialmente hábiles hubieran conseguido, en una labor de años, hacer los cuatro cortes laterales necesarios para sacar el gigante de la pared rocosa, seguiríamos desconcertados ante una pregunta: ¿Cómo pudieron aquellos inteligentes canteros separar la parte trasera del rectángulo del conjunto de la roca? Se ha comprobado que estos trabajos fueron realizados en la época preincaica. Los canteros de entonces no disponían de máquinas para cortar rocas como las que se utilizan en la actualidad. Y, probablemente, tampoco tenían los conocimientos químicos que les permitieran separar el bloque de piedra de la pared rocosa con ayuda de ácidos…¿O tal vez sí?


Bajamos a grutas rocosas de sesenta y ochenta metros de profundidad. Como si hubieran sido agitadas por una fuerza cósmica, las grutas están interrumpidas en su antiguo desarrollo recto, destruidas en parte o incrustadas unas en otras. Se han conservado amplias partes de los techos y las paredes. Por su perfección pueden compararse con las mejores estructuras de hormigón realizadas en la actualidad. No encontramos allí nada compuesto, nada hecho de varias partes para acoplarlo después a algo, sino que todo está terminado como si se tratara de «un molde». Los cantos son rectilíneos y perfectos. Hay molduras de granito de veinte cm. de anchura, dispuestas unas sobre otras en forma escalonada, tan limpiamente como si ayer mismo se les hubiera quitado el revestimiento de madera para conservarlas.

Atravesamos pasadizos y cámaras, siempre atentos a la sorpresa que pudiera surgir en el próximo recodo. Una y otra vez pensaba en las explicaciones arqueológicas que se han dado hasta ahora sobre esta obra maestra de la técnica, y una y otra vez no acababan de convencerme. Y sospecho que aquí, en Sacsayhuamán, existieron unas perfectas instalaciones defensivas. Todos estos colosos de piedra, irreprochablemente trabajados, tal vez formaron parte de un sistema de construcción megalítica. Quizá se podría reconstruir toda la instalación si se efectuaran investigaciones sistemáticas.
Como es natural, también nosotros nos preguntamos si había explicaciones convencionales para el «campo de ruinas>> de Sacsayhuamán.


¿Erupciones volcánicas? Hace muchísimo tiempo que no ha habido erupciones volcánicas en esta zona. ¿Corrimientos de tierra? La última sacudida violenta de la corteza terrestre en este sentido debió de haberse producido hace unos 200 000 años.
¿Terremoto? Es difícil que pudiera haber causado tanto daño, trastornado «tan ordenadamente» las cosas. Y como si esto fuera aún poco sorprendente, los bloques de granito trabajados muestran aún vitrificaciones, como si hubieran estado sometidos a temperaturas especialmente altas. ¿Capricho de la Naturaleza? Los bloques de granito tienen estrías realizadas con precisión, así como agujeros de pernos, como si hubieran sido arrancados de las rocas.

ERICK VON DÄNIKEN

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