LA VIDA MILAGROSA DE FRAY PEDRO DE URRACA ¿UN ENCUENTRO CON OVNIS?

Fray Pedro de Urraca (1583) no fue un religioso común; fue una figura que habitó la frontera entre lo documentado y lo milagroso. Nacido en la noble Villa de Jadraque, España, creció en un hogar de «cristianos viejos» donde la fe era el aire que se respiraba. Hijo de un hidalgo modesto y de una madre a quien se le atribuían dones de sanación, Pedro mostró desde niño una madurez espiritual inusual, alejada de las travesuras propias de la infancia y volcada por completo a la caridad y la doctrina.

Su vida estuvo sellada por eventos sobrenaturales desde sus primeros años: La visita de la Señora: A los siete años, durante una peste devastadora, fue desahuciado por los médicos. En su lecho de muerte, vio que una imagen de la Virgen cobraba vida y se presentaba ante él como una «señora hermosísima». Tras pedirle salud para poder servirla, sanó de forma instantánea, dejando atónitos a sus padres.

La caída y las tres luces: A los nueve años, mientras recogía bellotas en una encina altísima, la rama se quebró. Al caer al vacío, invocó a la Santísima Trinidad. Relató que la oscuridad lo envolvió y vio tres luces en forma de triángulo que lo depositaron suavemente en el suelo. Lo encontraron ileso, sentado y con tres bellotas en la mano, lo que lo llevó a hacer un voto de castidad a tan corta edad. Estamos acaso ante un fenómeno paranormal o como lo entendemos hoy: ufológico.

“Siendo de edad de nueve años le sucedió un caso singular, de donde le vino la devoción del misterio de la Santísima Trinidad. Estaba con otros muchachos cogiendo bellotas en una encina altísima, desgajóse la rama donde estaba, y sintiendo que se caía, dijo: ¡Válgame la Santísima Trinidad! y al medio de la caída le pareció que todo estaba obscuro como la noche, y solo vio tres luces hermosísimas, como tres estrellas, no seguidas, sino en triangulo; hasta que sintiéndose sentado en el suelo perdió la vista de las luces, que lo dejaron consolado, y aclaró la obscuridad; y bajando los demás muchachos, cuando entendieron se había hecho pedazos, lo hallaron con tres bellotas en la mano, diciendo: «Bendito sea el misterio de la Santísima Trinidad.» Desde aquella hora dedicó a él toda su devoción; y aunque tan niño, hizo à Dios voto de castidad: cuando sus padres supieron el suceso dieron muchas gracias à Dios” (Biografía Padre Urraca)

Después de una niñez y adolescencia marcada de eventos maravillosos y sintiendo el llamado del Señor, a través de la inspiración de sus hermanos, se vio impulsado a buscar una vida de santidad absoluta, preparándolo para su futura labor en el Nuevo Mundo.

EL TRÁNSITO AL NUEVO MUNDO Y LA FORJA DE UN SANTO

El viaje de Pedro de Urraca hacia América no fue una simple travesía, sino una profunda transformación espiritual. Mientras los demás pasajeros buscaban distracción en el navío, él permanecía oculto en rincones, entregado a la oración. Tras pasar por México, llegó a Quito en 1602 para iniciar su noviciado a los 19 años. Bajo la guía del austero padre Alonso Téllez, Pedro comenzó a manifestar éxtasis y visiones que lo alejaban por completo de la realidad cotidiana.

MILAGRO EN EL NOVICIADO EN QUITO

“Hay en la Iglesia de Las Merced de Quito una imagen de la Santísima Virgen de las Mercedes, tallada en piedra, muy antigua y muy venerada, a la que la tradición piadosa del Ecuador le atribuye una influencia milagrosa. Delante de esa imagen oraba un día fervorosamente el joven Urraca, rogando a la Madre de Dios que se dignara manifestarle cuál era la Orden Religiosa a la que Dios lo tenía destinado. Después de un rato salió la comunidad de Religiosos Mercedarios a cantar la Salve, como se acostumbra todos los sábados en las Iglesias Mercedarias. Terminado el acto religioso, ingresaron los Frailes al Convento; al pasar delante de la Imagen de la Virgen que estaba en su camarín, haciéndole cada uno una reverente inclinación, vio que la venerada imagen bendecía a cada religioso con la mano y luego, dirigiendo la mirada al joven Urraca, le hizo seña de que siguiese a la Comunidad. Aturdido y con los ojos arrasados en lágrimas de la más dulce emoción, obedeció el dichoso joven y al postrarse delante de la imagen, vio también que a él le bendecía. Una vez ingresado al Convento, manifestó a los religiosos la visión celestial con que acababa de ser favorecido, señal evidente de que la Santísima Virgen lo destinaba a la orden de la Merced de la cual es fundadora y Madre” …

LA MÍSTICA DEL ABANDONO Y LA COMPAÑÍA DE ÁNGELES

Su vida en el convento fue un ejercicio de humildad radical. Elegía siempre los trabajos más pesados y dormía apenas tres horas sobre la tarima de un altar; nunca usó una cama hasta que la vejez lo obligó. Sus experiencias sobrenaturales se centraron en visiones constantes de la Virgen y la Santísima Trinidad.

Los compañeros de camino: Se cuenta que en sus misiones solía ser acompañado por ángeles en forma de jóvenes hermosos, quienes aliviaban su fatiga con conversaciones celestiales sobre las grandezas de Dios.

Ataques y luces: Antes de sus viajes, Pedro enfrentaba ruidos y temblores provocados por el demonio para asustarlo, pero salía victorioso tras visiones de luces estelares que emanaban de las imágenes sagradas.

UN RIGOR QUE DESAFIABA LA NATURALEZA

Fray Pedro llevó la mortificación del cuerpo a extremos casi inhumanos, convencido de que el dolor era la vía de purificación: Penitencias de hierro: Utilizaba látigos con puntas de metal en honor a la Trinidad y vestía permanentemente un cilicio áspero sobre la piel. Ayunos extremos. En Semana Santa sobrevivía solo con pan y agua, llegando a pasar tres días tomando únicamente tres sorbos de agua en honor a las tres Divinas Personas. A pesar de este régimen tan severo que marcó su vida religiosa, quienes lo rodeaban no veían en él a un hombre endurecido, sino a alguien con una sencillez de niño, cuya pureza y observancia lo convirtieron en un modelo de santidad para todo el virreinato.

LIMA: EL ESCENARIO DEL ESPLENDOR MÍSTICO

En 1609, Fray Pedro Urraca fue trasladado a Lima, la «Ciudad de los Reyes», donde su santidad floreció en medio de una generación de gigantes de la fe: fue contemporáneo de Santa Rosa de Lima, San Martín de Porres, San Juan Macías y San Francisco Solano. Lo que comenzó como un retiro en la Recoleta de la Merced pronto se convirtió en un fenómeno público que atrajo la atención de todas las clases sociales, desde los esclavos hasta los virreyes.

PRODIGIOS EN EL ALTAR

Su ministerio sacerdotal estuvo sellado por eventos que desafiaban la realidad física:

El Milagro de la Paloma: Durante su primera misa, apadrinada por el Virrey Marqués de Montesclaros, los asistentes afirmaron ver al Espíritu Santo en forma de una paloma blanca sobre su cabeza, mientras el fraile recibía revelaciones secretas de su ángel guardián.

La Visión de la Hostia: En una ocasión, mientras ayudaba en misa, vio en la hostia consagrada a las tres Divinas Personas. Esta visión fue tan vívida que sirvió de modelo para el retablo de la Santísima Trinidad que aún se venera en el Convento de la Merced.

Levitaciones y Éxtasis: Se decía que, en el fervor de la consagración, su cuerpo llegaba a suspenderse en el aire mientras derramaba lágrimas de conmoción espiritual.

EL APÓSTOL DE LOS MARGINADOS

Urraca equilibraba su misticismo con una labor social incansable que lo convirtió en una figura amada por el pueblo:

Misionero de indígenas y afroperuanos: Recorría las haciendas de los alrededores de Lima para enseñar la doctrina, tratando a los oprimidos con una mansedumbre que le ganaba su devoción inmediata.

Protector de la mujer: Utilizaba su influencia con las familias aristocráticas para recaudar dotes, salvando a jóvenes en situación de abandono de la precariedad y dándoles la oportunidad de un matrimonio digno o de la vida religiosa.

Ascetismo en las calles: Incluso cuando la enfermedad lo dejó sin caminar, recorría la ciudad montado en una mula, siendo visto por los limeños como la personificación viva de la humildad.

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