EL NUEVO MACHUPICCHU DE ESPINAR
CUSCO
La reciente publicación de National Geographic ha puesto nuevamente los ojos del mundo sobre el Cusco, luego de que un grupo de arqueólogos peruanos revelara impactantes hallazgos en T’aqrachullo, un complejo arqueológico que ahora empieza a ser relacionado con una de las legendarias ciudades perdidas descritas en las antiguas crónicas de los incas. El sitio, ubicado en la provincia cusqueña de Espinar, sería nada menos que el mítico templo de Aconcagua, mencionado por cronistas coloniales y considerado durante siglos como un lugar casi legendario.
Las excavaciones revelaron más de 3.000 lentejuelas metálicas de distintos tamaños y materiales. Algunas eran pequeñas piezas de cobre verdoso; otras, de plata ennegrecida; y las más impresionantes estaban hechas de oro. Se encontraron 24 lentejuelas de oro de casi cuatro centímetros de diámetro. Incluso Entre ellas destacaban lentejuelas ceremoniales, collares, pulseras, anillos y objetos rituales, algunas estaban siendo trabajadas todavía”.

DE PASTIZAL OLVIDADO A HALLAZGO MUNDIAL
Hasta hace pocos años, T’aqrachullo era prácticamente un sitio desconocido fuera de las comunidades locales. Gran parte de sus estructuras permanecían cubiertas por tierra y vegetación. Para muchos, era apenas una zona rural más dentro de los extensos paisajes de Espinar. Pero ahora con el reciente descubrimiento, incluso arqueólogos con experiencia en Machu Picchu quedaron impactados por la magnitud de los hallazgos. El responsable de obra, Emerson Pereira, llegó a afirmar que nunca había visto una concentración semejante de oro y metales preciosos. La llegada de investigadores y documentalistas de National Geographic terminó por colocar el sitio en el mapa internacional.
Actualmente, parte del complejo ya puede ser visitado. El Ministerio de Cultura realizó trabajos de conservación y habilitó espacios de interpretación para turistas e investigadores. Sin embargo, los especialistas creen que apenas se ha excavado una pequeña parte de todo lo que permanece oculto bajo tierra. La esperanza de los investigadores es que T’aqrachullo deje de ser solo una referencia olvidada en las crónicas coloniales y se convierta en uno de los grandes símbolos arqueológicos del Perú contemporáneo. Machu Picchu no era el único templo importante de los incas. El Cusco y el Perú todavía esconden un tesoro enorme que falta investigar y mostrar al mundo.

HABLAN LOS EXPERTOS
“Al fin se reconoce de manera internacional mucho esfuerzo que muchos arqueólogos peruanos venimos haciendo durante años”, declaró emocionado el arqueólogo Dante Hualpayunca, integrante del equipo responsable de las excavaciones. El proyecto arqueológico se desarrolló entre 2019 y 2024 y, según los investigadores, reveló una ciudadela monumental con más de 300 recintos de piedra, además de miles de piezas ceremoniales y ornamentales ocultas bajo tierra durante siglos. “Era algo de no creer, tal vez una experiencia que no volvamos a vivir jamás”, confesó Hualpayunca al recordar el momento de los descubrimientos. Incluso arqueólogos que habían trabajado durante años en Machu Picchu aseguraron no haber visto una magnitud semejante de hallazgos.
Las investigaciones señalan que T’aqrachullo podría integrarse ahora al grupo de ciudades y templos perdidos más importantes vinculados al mundo incaico, junto a lugares míticos como Vilcabamba la Grande, el Paititi o antiguas ciudadelas ceremoniales mencionadas en las crónicas de Juan de Betanzos y Pedro Cieza de León. Según explicó Hualpayunca, el complejo tendría una relevancia comparable a grandes centros sagrados como el Coricancha, Pachacámac o Guanacauri.
“Este templo era muy importante para los incas. Aquí se realizaban ceremonias y rituales relacionados con el agua, el sol y la naturaleza”, explicó el arqueólogo. Además, indicó que el lugar no solo presenta ocupación inca, sino también evidencias de culturas anteriores como los wari, lo que demuestra que el sitio habría sido considerado sagrado durante siglos.

Mucho antes de las recientes excavaciones, el complejo de T’aqrachullo ya había llamado la atención de algunos investigadores que sospechaban que aquel remoto sector de Espinar escondía un importante pasado ceremonial. Entre ellos destaca la arqueóloga Alicia Quirita, una de las primeras especialistas en desarrollar estudios académicos sobre el sitio, realizando registros preliminares de las estructuras y planteando que el lugar podía tener una relevancia mucho mayor de la que se creía hasta entonces. Sus investigaciones permitieron documentar antiguos recintos de piedra, caminos y sectores ceremoniales que durante años permanecieron prácticamente ignorados por la arqueología nacional.
Otro personaje clave fue el reconocido explorador y arqueólogo estadounidense Johan Reinhard, célebre por sus investigaciones sobre santuarios de altura incas y descubrimientos como las momias congeladas de los Andes. Reinhard recorrió la zona estudiando referencias de cronistas coloniales y tradiciones locales que mencionaban antiguos templos perdidos en el sur del Cusco. Sus observaciones ayudaron a reforzar la hipótesis de que T’aqrachullo podría estar vinculado con el legendario templo de Aconcagua mencionado en las crónicas españolas. Décadas después, las nuevas excavaciones y hallazgos arqueológicos terminarían dando un renovado peso a aquellas primeras sospechas.
LA LEYENDA DEL CURA PECADOR QUE MOLDEÓ EL PAISAJE DE ESPINAR
La crónica popular narra la desventura de una joven enigmática y profundamente codiciada por los lugareños, quien terminó siendo raptada por un sacerdote proveniente de Coporaque. Tras concebir un hijo fruto de esta unión prohibida, la mujer logró irrumpir en una arriesgada fuga llevando al niño en brazos, lo que desató una implacable persecución por parte del clérigo y su séquito de seguidores a lo largo del abrupto territorio. De acuerdo con la cosmovisión local, la justicia divina intervino de forma fulminante antes de que el grupo pudiera ser alcanzado: tanto la madre con su hijo como el sacerdote perseguidor y sus acompañantes fueron petrificados en el acto, transformándose en los colosales pilares de piedra que hoy en día configuran el relieve del cañón de Suyckutambo
COMO LLEGAR DESDE EL CUSCO
Para quienes inicien la travesía desde la Ciudad Imperial, el itinerario exige un despliegue de 244 kilómetros a lo largo de la carretera Cusco–Espinar. Tras una jornada de aproximadamente cinco horas de asfalto, el primer punto de control es Yauri. Desde allí, el cronómetro marca 45 minutos adicionales a través de una vía afirmada que conduce directamente a Suyckutambo. El último tramo se interna por una trocha táctica hasta el kilómetro 29, teniendo como punto de inflexión el puente Totorani, el umbral definitivo de ingreso al recinto arqueológico.
