HISTORIAS PARANORMALES RELATADAS POR DANIEL F. VOCALISTA DE LA MÍTICA BANDA PERUANA LEUZEMIA
Daniel F. creció en la Unidad Vecinal Nº 3, en Pueblo Libre, una zona de Lima que, según explica, se encuentra sobre antiguos asentamientos prehispánicos. Para él, este detalle podría ayudar a entender la cantidad de sucesos extraños que, desde niño, escuchó y vivió junto a su familia.
«En toda esa zona ha habido huacas. Desde las huacas de San Marcos hasta las que están cerca del Parque de las Leyendas. Todo eso ha sido una gran ciudadela. Hay cementerios y restos arqueológicos por todos lados», comenta.
Según recuerda, era común escuchar entre los vecinos relatos de apariciones de personajes de aspecto prehispánico. «En Pueblo Libre siempre te van a decir que en algunas casas se aparecen personas con apariencia prehispánica. En las cocinas, en las salas. Parados. La gente lo cuenta con toda naturalidad.»
Uno de los episodios más extraños ocurrió luego de un asesinato en su barrio. Durante la madrugada se produjo una balacera y un hombre murió frente a su vivienda. La policía, los periodistas y numerosos vecinos permanecieron durante horas observando la escena. Sin embargo, ni Daniel ni su familia se enteraron de nada.
«Nosotros tenemos el sueño muy ligero. Cualquier ruido nos despierta. Pero esa noche dormimos como piedras.» Al día siguiente los vecinos les preguntaban cómo era posible que no hubieran visto nada. «Nos decían: ‘¿Cómo que no te enteraste? Si ahí estabas tú parado en la ventana mirando todo’.»
Los testigos aseguraban haber visto claramente a una persona observando la escena desde una de las ventanas de su casa. «Pensaron que era yo o mi hermano Kimba. Pero ninguno de los dos se había levantado. Toda la familia había estado durmiendo.»

Aquella no fue la única experiencia relacionada con la vivienda. En otra ocasión, el músico Adrián Argüelles, baterista de la banda Leuzemia, se quedó a dormir en la sala.
A la mañana siguiente apareció visiblemente alterado. «Dijo que lo habían golpeado durante toda la noche.» Según el relato de Adrián, algo invisible se acercó mientras descansaba en el sofá. «Estaba tapado y sentía los golpes. Se cubría y seguían golpeándolo. No veía nada.» Intentó escapar. «Fue hasta la puerta para salir, pero estaba cerrada con llave. Tampoco podía gritar para despertarnos.»
Pasó el resto de la noche completamente despierto, esperando que amaneciera. «Cuando nos levantamos nos dijo: «Pucha, me han golpeado toda la noche’.»

Otro hecho que recuerda ocurrió cuando una vecina del tercer piso se encontraba agonizando. Daniel estaba reunido con varios amigos en su departamento cuando escucharon que alguien llamaba a la puerta.
«Todos escuchamos perfectamente los golpes.» Daniel abrió de inmediato. «No había nadie.» Lo extraño era que tampoco habían escuchado pasos acercándose o alejándose por las escaleras. Pocos minutos después su madre descendió desde el piso superior. «Mi mamá dijo: «Ya falleció la señora’.»
Muchos años después, Daniel sigue pensando que aquella llamada pudo haber sido una despedida. «Se estaba despidiendo de los vecinos. Eso es algo que mucha gente cuenta cuando alguien muere.»
Otra de sus experiencias más recordadas ocurrió en un departamento de Lince. El inmueble era sorprendentemente barato para sus características. «Era enorme. Tres dormitorios, dos baños, cochera, una sala grande. Demasiado barato.»
Al llegar encontró algo inquietante. «Las paredes estaban llenas de estampitas de santos.» No solo eso. «Todos los vecinos tenían vírgenes, crucifijos enormes, imágenes religiosas por todas partes.»
Con el tiempo comprendió la razón.
«En todo el edificio ocurrían apariciones.» Los vecinos hablaban abiertamente de figuras que caminaban por los pasillos, ruidos inexplicables y presencias extrañas. Una noche recibió una llamada urgente de su compañera. «‘¡Ven corriendo! ¡Los fantasmas están haciendo destrozos en todo el edificio!”
Cuando llegó encontró a todos los vecinos fuera de sus departamentos. «Estaban parados en la calle esperando que se calmara la actividad.» Lo sorprendente es que nadie parecía cuestionar el origen del fenómeno.
«Era como una costumbre. Ya sabían que pasaba.»

Entre los muchos incidentes ocurridos en aquel departamento, uno de los más impactantes fue el episodio del jabón. Daniel se encontraba lavándose las manos cuando observó algo imposible.
«El jabón estaba perfectamente colocado en la jabonera.» De pronto salió disparado. «Como si alguien le hubiera dado un manazo.» El objeto recorrió cerca de dos metros hasta impactar contra la tina de la ducha. «Yo solté una lisura, agarré el jabón, lo puse en su sitio y seguí lavándome las manos.»
La presencia de fenómenos extraños se había vuelto tan cotidiana que ya no le sorprendía. «Estaban ahí. Era parte de la vida diaria.» Las experiencias auditivas también eran frecuentes.
Daniel suele despertarse de madrugada cuando alguna idea musical aparece en su mente. Entonces se dirige a su sala de ensayo y comienza a tocar. Una de esas noches escuchó algo inesperado. «Estaba tocando y escuché un grito. Un «Aaaaah’.»
No provenía del exterior. «No era de afuera. Era de adentro.» La experiencia le resultó tan extraña que bromea diciendo que quizás las entidades estaban colaborando con la música. «Parecía que estaban haciendo su aporte.»
Sin embargo, Daniel reconoce que nunca ha tenido la suerte —o la desgracia— de ver directamente a estas presencias. La que sí afirma haberlas visto es su compañera.
«Ella los ve y me los describe.» Según cuenta, existe una figura que repite siempre el mismo recorrido. «Entra por una puerta, cruza el departamento y desaparece en otra habitación.» Otra presencia parece limitarse a observar. «Hay uno que se queda parado al pie de la cama y nos mira.» Daniel admite que quizás sea mejor no tener ese tipo de percepciones. «Porque imagínate despertar en la madrugada y encontrar una figura ahí parada observándote.»

Entrevista realizada por Rafael Mercado a Daniel F. el 30 de mayo de este año en un hotel de la ciudad de Arequipa.