RAFAEL MERCADO BENAVENTE
En Arequipa y en otras zonas mineras del sur del Perú, las historias sobre duendes forman parte de una tradición oral que se resiste a desaparecer. Algunos hablan de pequeñas criaturas que juegan, otros de seres que habitan antiguas minas y cerros, y también están quienes aseguran que estos personajes pueden advertir de peligros, proteger a los trabajadores o incluso conducirlos hasta una veta de mineral.
No sabemos qué hay detrás de estas historias. Pero cuando los testimonios comienzan a repetirse, con personas y lugares diferentes, aparece una pregunta inevitable: ¿por qué esta figura del pequeño habitante de los cerros continúa apareciendo una y otra vez en el imaginario de quienes viven y trabajan en estos territorios? Estos son algunos de los relatos que me nos han contado en nuestras pesquisas.
LA HARINA Y LOS DUENDES
Un quiropráctico que atendía en Arequipa, comenzó a experimentar algunas situaciones extrañas dentro de su local. Ya le habían advertido sobre historias relacionadas con duendes. Al principio, como suele ocurrir, probablemente tomó aquellos comentarios como parte de leyendas.
Pero las supuestas travesuras comenzaron a suscitarse, ruidos molestos, objetos inexplicablemente perdidos, etc. Ante la insistencia de estos acontecimientos, el quiropráctico decidió hacer algo bastante peculiar, tenderles una trampa. Colocó harina por diferentes lugares de su consultorio, esperando que si realmente había alguna criatura entrando durante la noche, sus huellas quedaran marcadas sobre el polvo blanco. A la mañana siguiente encontró algo que, según su relato, lo dejó sorprendido. Sobre el piso y también sobre una mesa aparecían pequeñas huellas de pies, demasiado diminutas para corresponder a una persona adulta.
La pregunta, naturalmente, es qué pudo haberlas producido. El testimonio no permite establecerlo. Pero el detalle resulta particularmente interesante porque la idea de las pequeñas huellas aparece también en otros relatos tradicionales sobre duendes, criaturas que no necesariamente se dejan ver, pero cuya presencia sería advertida a través de rastros, objetos movidos o pequeñas travesuras. En este caso, el supuesto duende nunca fue capturado. Solo quedaron las huellas en la harina. ¿Alguna vez oíste que con la harina puedes capturar sus huellitas?
