Una señora habría descubierto un antiguo tapado, es decir, uno de esos tesoros ocultos que, según la tradición popular, pueden permanecer enterrados durante generaciones. La mujer no estaba sola frente a aquel hallazgo. Un duende se le habría aparecido y le habría advertido que no sacara el tesoro, algo terrible le habría anunciado el duende de no obedecerle.
La razón era clara, había descubierto algo que no le pertenecía. La mujer, sin embargo, no hizo caso a la advertencia. La ambición pudo más y finalmente habría encontrado numerosas libras esterlinas y otros objetos considerados tesoros.
Según quienes me contaron esta versión, la advertencia terminó cumpliéndose y de la peor forma posible, la madre de la mujer murió. Una vida por un tesoro, la antigua regla cruel del oro encantado. En el imaginario popular, desobedecer a estos seres puede traer consecuencias. Y aquí aparece una constante que encontraremos nuevamente en las historias mineras, el duende no siempre es presentado como un ser maligno. A veces advierte. El problema aparece cuando los humanos deciden no escuchar.
