Este relato nos lleva mucho más lejos de Arequipa. Un minero arequipeño viajó a Brasil, a Fortaleza, en la costa atlántica de Brasil, durante sus vacaciones. Al llegar a una zona cercana al río, habría observado algo que jamás imaginó encontrar. Al comienzo se dio cuenta pero prefirió catearlos detrás de unos árboles. En una especie de poza, según su testimonio, vio a más de una docena de pequeñas criaturas. Eran duendes. Se bañaban, reían, eran toscos, pero se divertían a su manera. No se percataron de quien los observaba. Había un detalle que llamó especialmente su atención, aunque estaban desnudos, no se habían quitado sus pequeños gorros. El testigo calculó que los duendes, apenas medían unos cuantos centímetros.
Naturalmente, aquí el relato se vuelve todavía más difícil de explicar. ¿Qué pudo haber observado realmente aquel hombre? ¿Animales? ¿Personas a la distancia? ¿Una confusión visual? Pero aquí aparece el elemento del gorro, una característica que se repite en numerosos relatos sobre duendes, atuendo indivisible de su personalidad.
