HECHOS SOBRENATURALES EN EL CEMENTERIO DE PAUCARPATA

Hace un tiempo, cuando conducía un programa radial nocturno, recibí una llamada que terminó despertando mi curiosidad durante mucho tiempo. Al otro lado de la línea, unas personas relataban haber vivido una experiencia muy extraña en el cementerio de Paucarpata.

Era de noche. Según contaron, se encontraban estacionados en las inmediaciones del camposanto, en una zona que antiguamente estaba rodeada de chacras. El cementerio y los terrenos agrícolas prácticamente formaban parte del mismo paisaje, y aquellos espacios rurales se extendían junto al camposanto. Todo parecía tranquilo hasta que, de pronto, observaron algo extraño hacia las chacras. A cierta distancia había una especie de hoguera o fogata. Alrededor del fuego distinguieron a un grupo de personas, entre hombres y mujeres, que parecían estar bailando desnudos. La escena, vista desde la oscuridad, les resultó perturbadora. Pero había algo todavía más inquietante. Según su relato, algunos de aquellos individuos parecían estar realizando actos contrarios a la moral. El miedo terminó apoderándose de ellos: encendieron el vehículo, pusieron primera y se marcharon lo más rápido que pudieron. Para quienes presenciaron aquella escena, no había muchas explicaciones posibles. Habían visto, según su propia interpretación, un ritual satánico realizado por brujas y brujos, quizás algún tipo de ceremonia relacionada con entidades demoníacas o incluso un pacto con los difuntos.

UN CEMENTERIO CON MÁS DE UN SIGLO DE HISTORIA

El Cementerio del Pueblo Tradicional de Paucarpata es, con mucha diferencia, el más antiguo de los dos grandes camposantos del distrito. Su historia se pierde en las primeras décadas de la República y, según la documentación histórica disponible, existen tumbas que se remontan aproximadamente hasta 1890, aunque el registro municipal sistemático de las inhumaciones comenzó recién en 1909.

Esto significa que cuando uno camina actualmente por el cementerio de Paucarpata no está recorriendo simplemente un lugar de enterramiento contemporáneo, sino que está caminando sobre más de un siglo de memoria funeraria. Generaciones enteras de habitantes de Paucarpata fueron enterradas allí: padres, madres, niños, agricultores, comerciantes, trabajadores y familias completas. Personas cuyos nombres probablemente ya nadie recuerda, pero cuyos restos continúan formando parte de este enorme archivo silencioso de la historia local.

¿CUÁNTAS PERSONAS ESTÁN ENTERRADAS ALLÍ?

En 2011, la prensa informó que el cementerio registraba aproximadamente 11.303 tumbas, 5.284 nichos, 600 mausoleos y 5.419 personas sepultadas bajo tierra. En aquel momento ya se advertía que los nichos y mausoleos estaban prácticamente ocupados y que el camposanto tenía muy poca capacidad para nuevos entierros. Años después, una actualización periodística de 2022 habló de aproximadamente 15.000 féretros en el cementerio tradicional y calculó que todavía podía existir espacio para alrededor de 1.000 nichos adicionales. En 2011 se señalaba que hacía aproximadamente 15 años que ya no se realizaban entierros bajo tierra, pero que existían 5.419 personas sepultadas en el subsuelo. Es decir, debajo de los pabellones, nichos y mausoleos que podemos observar actualmente existe una enorme acumulación de enterramientos antiguos. El cementerio que vemos sobre la superficie es solamente una parte de su historia; debajo de nuestros pies existe otra.

LOS NIÑOS MILAGROSOS Y LAS ÁNIMAS PROTECTORAS

Entre las historias que circulan entre los pobladores aparecen referencias a los niños milagrosos, a las ánimas protectoras y a personas que, debido a la forma trágica en que murieron, habrían adquirido una particular reputación entre quienes visitan el camposanto. Existe una antigua creencia popular presente en diferentes cementerios: las personas que murieron jóvenes, injustamente o en circunstancias especialmente dolorosas pueden convertirse, dentro de la religiosidad popular, en una especie de intermediarios.

Algunos visitantes dejan velas, otros llevan flores, hay quienes dejan pequeños juguetes y también están quienes llegan simplemente para pedir por un familiar, por un hijo, por salud o por protección. Así nacen muchas veces las llamadas ánimas milagrosas. Con el tiempo, el relato crece y la tumba deja de ser solamente el lugar donde descansa una persona para transformarse en un sitio de peregrinación.

RUT Y RENÉ: UNA HISTORIA QUE UNE DOS CEMENTERIOS

Hay una historia particularmente trágica que aparece vinculada a Paucarpata y que, además, nos conduce hacia otro camposanto del distrito: El Cebollar. Según los relatos recogidos, durante la década de 1980 dos hermanos, Rut y René, fueron asesinados en circunstancias extremadamente violentas. Los testimonios señalan que en 1985 los menores transitaban por una zona cercana a los antiguos caminos y acueductos de Paucarpata. Según la versión recogida, eran aproximadamente las nueve de la noche cuando fueron interceptados por cuatro hombres. Rut tenía 14 años y René 12. El crimen conmocionó a los pobladores.

Existe un detalle especialmente importantísimo dentro de la historia de El Cebollar. La tumba de estos dos hermanos habría sido una de las primeras, o incluso la primera, del nuevo cementerio. Los cuerpos fueron sepultados en aquel lugar cuando todavía se trataba de una zona de laderas y terrenos abiertos. Con el tiempo, algunos vecinos comenzaron a acudir a la tumba a rezarles, encender velas y pedirles protección. La historia terminó convirtiendo a los hermanos en una especie de ánimas protectoras de la zona. Durante el Día de los Muertos, según los relatos, incluso llegaban personas procedentes de otros lugares para rezar ante su tumba, algunas preocupadas por sus hijos, otras que habían perdido contacto con familiares o que buscaban consuelo ante desapariciones que nunca habían logrado comprender.

Existe incluso el relato de una mujer que, según la tradición oral recogida en torno a la tumba, padecía una enfermedad grave y acudió a pedir por su salud. Encendió velas, llevó juguetes al lugar y posteriormente aseguró haberse recuperado.

LA BRUJERÍA Y LOS EXTRAÑOS OBJETOS EN EL CEMENTERIO

Durante investigaciones y recorridos paranormales se han encontrado, según testimonios recogidos en la zona, objetos relacionados con supuestos amarres y prácticas mágicas. Entre lo más común se han reportado velas negras dentro de nichos abiertos, pues garantiza que la vela se consuma totalmente, brujería que se realiza para pactos o amarres.  También los vigilantes han hallado sapos con la boca cosida. Dentro de ciertas tradiciones de magia popular, se cree que estos objetos pueden ser utilizados para realizar trabajos destinados a perjudicar a una persona. La explicación tradicional sostiene que junto al animal se coloca una fotografía o elemento relacionado con la víctima y que, mediante el ritual, se pretende transferir simbólicamente el daño. En algunos relatos se afirma incluso que cuando el sapo muere, también moriría la persona contra la cual estaba dirigido el supuesto maleficio.

UMA QASQA O LA CABEZA VOLADORA

Los antiguos pobladores cuentan que, cuando el cementerio todavía estaba rodeado de chacras, muchas personas atravesaban sus inmediaciones para cortar camino. Los regantes y agricultores conocían perfectamente aquellos senderos. Uno de los relatos afirma que, durante uno de esos recorridos, un hombre se encontró con algo que jamás pudo olvidar: una cabeza que parecía desplazarse por el aire.

En la tradición local este ser aparece relacionado con la figura de las brujas y con la capacidad sobrenatural de separar la cabeza del cuerpo para desplazarse durante la noche. En algunas versiones se la denomina uma o qasqa, términos que aparecen vinculados dentro del relato popular con la cabeza por los sonidos o chasquidos que emite. Pero la historia no termina con el encuentro: según la tradición, aquel poblador quedó completamente paralizado por el terror, permaneció durante varios días prácticamente sin habla, muriendo tres días después.

Se decía que algunas personas, más audaces que otras, podían enfrentarse a aquellas cabezas marcándoles el rostro o produciéndoles una herida para después buscar en el pueblo a una persona que tuviera la misma marca y así descubrir quién era la bruja para pedirles a cambio de guardar su secreto, una recompensa, quien sabe algún favor o la ubicación de un tapado. En otras versiones, quien encontraba una cabeza voladora podía matarla, marcándola con ceniza haciendo la señal de la cruz; la leyenda decía que la cabeza caía, desaparecía o se desintegraba y que el daño terminaba alcanzando al brujo o bruja que la controlaba.

LAS LUCES DE LOS DIFUNTOS

Existe una antigua tradición relacionada con las luces errantes, destellos y pequeñas esferas luminosas. Algunos testimonios las relacionan con las almas de los muertos, otros hablan de fenómenos naturales, y hoy, dentro del imaginario contemporáneo, llegan incluso a interpretarlas como objetos voladores no identificados, porque en Paucarpata también existen relatos de personas que aseguran haber observado luces durante la noche, desplazándose por las zonas cercanas al camposanto.

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