La siguiente historia ha sido recuperada de nuestros archivos. No es el único caso de este tipo que hemos recibido, pero, aunque se trata de un testimonio antiguo, su valor es enorme: nos permite reflexionar sobre una tecnología que aún no poseemos y sobre los misteriosos visitantes que, en esta ocasión, decidieron llevar a un militar en un breve viaje por nuestra galaxia hace décadas.
Es natural relacionarlo con los avistamientos ocurridos en Piura hace algunos años, registrados por pilotos y luego desclasificados en los trabajos periodísticos del Dr. Anthony Choy. El caso también guarda similitudes con la experiencia del piloto Ernesto Arancibia, quien en 1959 vivió un episodio de abducción en pleno vuelo, avión y todo. Procedamos, entonces, a revivir este fascinante testimonio.
En un paraje solitario del norte de Talara, el subteniente EP Wilfredo Mostacero tuvo su primer y único encuentro con un OVNI. Era mayo de 1954 y el plato gigantesco despedía una potente luz. De pronto, del disco descendió una pareja de enviados del espacio. “Venían de Andrómeda”, recuerda el militar. “Se identificaron como Antor y Antaria. Se comunicaron telepáticamente conmigo”.

Los extraterrestres invitaron a Mostacero a dar una vuelta por el Universo. “Me dijeron: ¿quieres ver tu planeta? Y sin sentirlo, me trasladaron a su galaxia. Vi la Tierra y llegué hasta el sol, que tuve que ver cubierto con una escafandra especial.
“Llevaban una malla pegada al cuerpo de color brillante. Tenían rasgos mongólicos, ojos achinados y los brazos muy largos. Venían a explorar la Tierra en son de paz”.
Esta es la declaración del testigo: Me sucedió realmente una noche de mayo de 1954 en la ciudad de Talara. No lo conté antes temeroso de hacer el ridículo, ahora que han pasado los años, he sentido la necesidad de comunicar mi rara pero bella aventura. Me encontraba separado por unas breves horas de mis compañeros de excursión que habían ido al Monte y yo preferí observar el paisaje del lugar, desde lo alto de un acantilado. El parque se hallaba desierto. De pronto el ambiente silencioso fue turbado por un zumbido metálico similar al que produce un alambre cuando se le hace vibrar fuertemente. Miré en todas direcciones y vi un raro resplandor que se hacía cada vez más intenso.
De repente surgió de entre las sombras, a unos 200 metros de distancia, un objeto que jamás pensé ver: un OVNI, cuya silueta se asemejaba a un gigantesco plato con cúpula transparente. El objeto se desplazaba suavemente hacia mi derecha, a unos 20 metros del suelo, proyectando luces rojizas como una aurora boreal, que se reflejaban en el acantilado. Avanzaba lentamente, balanceándose como una barca sobre las olas.
Mi corazón latía con violencia, la emoción me embargaba, era como si mi sangre se congelara, mis pies parecían clavarse al suelo. No podía moverme. El OVNI descendió a tierra suavemente y se detuvo en un claro del bosque. Una compuerta se abrió en su costado y de ella surgió una escalerilla por donde descendió una figura femenina.
No lo podía creer, pero aquella visión me parecía de carne y hueso. Era una hermosa mujer, de cabellos largos y dorados, que ondeaban al viento como hebras de oro. Sus ojos azules brillaban intensamente. Me sonrió dulcemente, y con un ademán me invitó a acercarme. Un magnetismo irresistible me impulsó a obedecerla. Sentí que mis pasos eran guiados por una fuerza superior.

Al llegar junto a ella, me extendió la mano y me habló en un idioma extraño, musical y melodioso. No entendí sus palabras, pero sí supe por su gesto que me invitaba a entrar a la nave. Con un leve temblor, caminé a su lado y subimos la escalerilla. Traspasamos la compuerta. Una vez en el interior, quedé maravillado: el OVNI mostraba una estructura metálica brillante, con paredes curvas y un tablero lleno de luces y palancas. La mujer me indicó un asiento frente a una especie de ventanal. Desde allí podía contemplar todo el panorama de Talara iluminada.
Lo más extraño era que no percibía peso alguno, ni vibración, ni movimiento brusco. Todo parecía quieto y silencioso, y sin embargo nos deslizábamos suavemente por el aire. La mujer me sonreía, con un gesto amable y sereno. Era increíble, voluptuosa y bella.

Luego de unos minutos formidables, la nave inició una lenta maniobra de descenso. La escalerilla volvió a abrirse y descendimos nuevamente al bosque. Ella me miró fijamente, como despidiéndose, y volvió a entrar al objeto. En pocos segundos el OVNI se elevó verticalmente, proyectando luces rojas y verdes que iluminaron el cielo, hasta perderse en el espacio.
Atónito, regresé al hotel donde me hospedaba y no pude dormir en toda la noche, abrumado por tan fantástica experiencia. Hasta hoy recuerdo aquella visión maravillosa, que ha quedado grabada en mi memoria como el más extraño y bello episodio de mi vida. Esta es, en síntesis, la historia de lo que me ocurrió aquella noche, en la ciudad de Talara. Si algún lector ha vivido experiencias similares, me gustaría conocerlas.

FUENTE: REVISTA ACTUALIDAD MILITAR 1975
COMPILADOR: RAFAEL MERCADO BENAVENTE