COPACABANA DE LOS INKAS: EL TESTAMENTO DE LOS ÚLTIMOS SOBREVIVIENTES ANDINOS

DECADENCIA DE LOS TIHUANACOS

Desde aquel tiempo, solo vivieron en la alta meseta los que no quisieron abandonar el terruño heredado de sus antepasados, sin sujeción política alguna y formando ayllus o clanes indígenas independientes. Solo reconocían como única autoridad a su Mallku, el jefe totémico más antiguo.

Las viviendas precolombinas de aquellos ayllus se encuentran hoy todavía en el altiplano andino en estado de ruina, siendo respetadas por los aborígenes como los antiguos hogares y sepulturas de sus achachilas (antepasados), llamados chullpamarcas, pueblos de las chullpas. No cabe ninguna duda de que los actuales habitantes de la altiplanicie de los Andes, especialmente los de la región de los Lupacas y los del sur y suroeste del Lago Titicaca, son descendientes de aquellos diferentes grupos de razas que edificaron Tiahuanaco.

Según Arthur Posnanski investigador de Tiwanaku: esta opinión queda comprobada hasta la evidencia por los estudios antropométricos que verificó con grandes series de aborígenes vivientes y material óseo de sus panteones, comparando las medidas de los primeros con las de los cráneos y esqueletos hallados en las excavaciones de Tiahuanaco de sus diferentes épocas. Han dejado restos significativos que dan testimonio elocuente de su pasado; entre la aparición y desaparición de los mismos existen largos lapsos de tiempo. A épocas de un adelanto sorprendente suceden otras de una decadencia profunda. La inmigración alterna con la emigración.

Guerras defensivas de los grupos confederados del Altiplano contra invasores son sustituidas por largas luchas fratricidas entre los centros populosos del mismo altiplano. Vemos periodos de cultura precolombina extraordinariamente adelantada en todo el continente americano: en la Argentina, Chile, Ecuador, Colombia, América Central, Yucatán, México y Estados Unidos del Norte. Según le consta a Posnanski, hasta ahora no se han encontrado en aquellos parajes remotos principios de la cultura del hombre con su consiguiente evolución sucesiva, ni tampoco un desarrollo de los típicos estilos regionales.

Pero en la parte más antigua de América, en la gran meseta de la cordillera de los Andes, entre Perú y Bolivia, se ve todo un escalonamiento de la evolución del hombre prehistórico de Sudamérica: una evolución que inicia en el troglodita y concluye en el segundo periodo de Tiahuanaco, cuyo más alto grado de evolución se manifiesta en las más brillantes esculturas ideográficas de la Puerta del Sol de Tiahuanaco. Este es el típico estilo de Tiahuanaco. Si comparamos bien ese estilo con todos aquellos otros de la cultura precolombina, hallaremos que la mayoría de ellos tienen a aquel como base o, mejor dicho, como origen primigenio.

COPACABANA DE LOS INKAS

Después de haber revisado a grandes rasgos las reveladoras hipótesis de Arthur Posnanski y siguiendo su consejo de relacionar la arqueología con otras ciencias y estudios etnológicos, ha llegado el momento de integrar a nuestro relato las informaciones transmitidas por los antiguos sabios de Tiahuanaco.

Estas no son simples leyendas: es historia. Historia preservada mediante las técnicas ancestrales de la escritura andina antigua, contenida en las planchas de oro, en los quipus y en las quellcas de los edificios del Hatum Tiahuanaco.Un conocimiento que era custodiado por las princesas sagradas y por los antiguos abuelos de las islas del Sol y de la Luna en tiempos de la llegada de los españoles. A través de estas fuentes conoceremos quiénes habitaron la antiquísima era del origen en la cuna misma de la civilización, quiénes fueron los constructores de los gigantescos megalitos y qué ocurrió con aquellas humanidades hoy desaparecidas.

Revisaremos ahora la historia de Copacabana de los Incas. Copacabana de los Incas es una obra reconstruida y publicada por el sacerdote franciscano Fray Jesús Vizcarra Fabre en 1901 a partir de documentos antiguos atribuidos al fraile agustino Baltazar de Salas, quien habría dejado sus manuscritos entre 1612 y 1626 durante su estancia en la región del lago Titicaca. Vizcarra no se limita a copiar mecánicamente los escritos de Salas, sino que compone una obra que combina textos transcritos, interpretaciones lingüísticas y reflexiones propias sobre la cultura aimara y la tradición del altiplano.

La obra se presenta como documentos auto lingüísticos e isografiados del aimaru o aimara, lo que indica que se incluyen pasajes en lengua indígena junto con traducciones y explicaciones. Aunque el objetivo declarado de Vizcarra era preservar y traducir los antiguos documentos sobre Copacabana y la tradición andina, su edición también incorpora una intención espiritual profunda, moviéndose con fluidez entre historia, simbolismo y narración mística. Esto hace difícil distinguir con claridad la voz original de Salas de las intervenciones del editor.

En cuanto al contenido, Copacabana de los Incas narra relatos sobre el pasado indígena del altiplano, especialmente de la península de Copacabana y de las islas sagradas del Titicaca, como la isla del Sol y la isla de la Luna. Según lo presentado por Vizcarra, Salas recogió tradiciones orales de los ancianos y amautas aimaras. El texto mezcla descripciones de lugares sagrados, genealogías míticas, relatos sobre la creación del mundo y el origen de los incas, además de las costumbres de los pueblos prehispánicos, con referencias a documentos, historias y artefactos que Salas afirma haber visto o recibido de informantes locales.

A lo largo del libro se alternan pasajes que describen viajes, encuentros con ancianos y sabios indígenas y explicaciones de nombres y significados culturales, como si el narrador fuera a la vez explorador, compilador y traductor de una tradición antigua. Este modo de relatar, que entrelaza historias indígenas con interpretaciones cristianas y simbolismos profundos, ofrece no solo un repertorio de hechos y leyendas, sino también una visión de cómo los antiguos pobladores del Titicaca entendían su mundo y su pasado remoto.

CONTINUARÁ…

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