Una vez conocidos los estudios preliminares de Arthur Posnansky, ha llegado el momento de repasar la teoría de la cuna de la humanidad de Tiahuanaco. Hagámoslo a través de sus posibles épocas de origen, desarrollo y decadencia.
LA PRIMERA ERA
Los primeros vestigios de cultura en la planicie andina se encuentran en la época primitiva de Tiahuanaco y fueron probablemente el primer esfuerzo de una de las tribus autóctonas más inteligentes para someter religiosa y políticamente a las hordas que, sin sujeción alguna, vivían diseminadas en las islas y orillas del gran lago, llevando una vida poco sedentaria, más bien nómada. Para ese objeto escogieron una gran península que ofreciera las mejores condiciones estratégicas y económicas para fundar sobre ella los principios de un centro político y religioso.
Por los restos que han quedado de las construcciones de este periodo, se ve claramente que el hombre comenzó a aprender el labrado de la piedra, eligiendo naturalmente el material más blando y el que menor resistencia ofreciese a sus primitivos utensilios de piedra y cobre. El estilo y la arquitectura sui generis de esta época eran todavía toscos y sin arte, pero el sentimiento de lo bello ya empezó a desarrollarse, lo que se revela por las cabezas rudimentariamente esculpidas que, adornadas con una especie de turbante, incrustaban en las paredes de sus construcciones.
Los edificios, lo mismo que las habitaciones, son construcciones trabajadas dentro del mismo suelo: excavaciones cuadrangulares o circulares cuyas paredes están sostenidas por muros de contención. Este sistema de viviendas humanas es la transición del troglodita americano al hombre de cultura. Troglodita, porque el hombre prehistórico en el altiplano vivió en cavernas cavadas por él en el suelo y que cubrían con ramaje o losas de piedra bruta, enlucidas por fuera con barro.
Este periodo es completamente originario y ha generado en el altiplano andino desde la época más primitiva hasta llegar a un estado relativamente culto. Pero este periodo evolutivo del hombre fue interrumpido por una época glacial de corta duración, de la cual se hallan señales evidentes, y por un desbordamiento del lago causado por las aguas de deshielo en la mencionada época glacial. Tomando en cuenta la cantidad de obras que se han hecho en el primer periodo de Tiahuanaco, sirviéndose de utensilios tan primitivos como aquellos de que disponían para la construcción de sus edificios, es de presumir que esta época duró un considerable espacio de tiempo.
Es probable que precisamente en aquel periodo tuvieron lugar grandes movimientos geotectónicos que, de alguna manera, transformaron el aspecto físico del continente. Estas alteraciones fueron quizás en el altiplano las repercusiones de grandes cataclismos y evoluciones que en otras partes se efectuaban, y tal vez fueron también la causa de la inmigración en el altiplano de muchas tribus aterrorizadas y fugitivas de los lugares donde se producían estos fenómenos en todo su vigor. También es probable que en esta corriente inmigratoria vinieran a la meseta andina aquellos grupos que posteriormente dieron un impulso tan formidable a la cultura del segundo periodo de Tiahuanaco.

LA SEGUNDA ERA
Se nota un remonte tan sorprendente entre la cultura primitiva y la de este segundo periodo que salta enseguida a la vista, demostrando al mismo tiempo que los constructores de las obras de la primitiva época no hubieran podido crear los monumentos del segundo periodo si no hubiesen recibido un formidable impulso por una corriente inmigratoria.
Nos preguntamos: ¿acaso vinieron de otras partes, tal vez de la Atlántida, a los Andes a buscar refugio en la meseta como consecuencia del “Younger Dryas” que sacudió diversas partes del globo?
Debemos tener en cuenta esta glaciación, porque es cierto que cuando vino el fin de la época glaciar —no en un instante, sino en un periodo de muchos miles de años— el nivel del agua se levantó 120 metros en todo el mundo. Veintisiete millones de kilómetros de tierra que estaban encima del agua ahora están sumergidos. Este incremento en el nivel del mar no fue lento y gradual; fue un cataclismo muy puntual. Fueron episodios en los que de repente se levantaba una gran parte del agua, después se calmaba y, mil años después, volvía a levantarse. En este proceso perdimos gran parte de nuestra historia. Por eso existen en todo el mundo los mitos de la gran inundación, están recordando estos episodios.

CATACLISMO
El “Younger Dryas” es un episodio climático reconocido por los geólogos. Este evento empezó aproximadamente hace 12 800 años y fue muy radical. Repentinamente el nivel del mar subió dos metros y al mismo tiempo la temperatura del mundo bajó mucho, volviéndose extremadamente fría. En ese momento el mundo se estaba calentando de manera gradual, pero de repente ocurrió este cambio radical que congeló todo, como si hubiera regresado el pico de la época glaciar.
Durante este periodo se produjo también la extinción masiva de gran parte de la megafauna: mamuts, tigres dientes de sable, camellos americanos y muchos otros animales desaparecieron. Hay evidencia de un colapso de la población mundial durante el Younger Dryas. Después, hace aproximadamente 11 600 años, el planeta se calentó muy rápidamente, acompañado de otro aumento del nivel del mar. Muchos geólogos llaman a este cambio el pulso de derretimiento del agua, que marca el final del Younger Dryas.
La hipótesis que algunos investigadores, como Graham Hancok, consideran más convincente es la del impacto de un cometa. Un grupo de geólogos, geofísicos y arqueólogos ha identificado una capa en la tierra presente en muchas partes del mundo, especialmente visible en América y Europa. En esta capa hay evidencia de incendios masivos, altas temperaturas, cuarzo derretido —que requiere más de 2000 grados para fundirse—, además de platino y microesférulas que suelen asociarse con eventos extraterrestres.
La única explicación posible para muchos de estos investigadores es que hubo múltiples impactos cósmicos o explosiones aéreas, similares al evento de Tunguska en Siberia. Según esta hipótesis, pudieron ocurrir entre 300 y 400 explosiones aéreas en todo el mundo, lo que habría causado cambios climáticos abruptos.
Algunos astrónomos, como Bill Napier, han propuesto que hace unos 20 mil años un gran cometa entró en una órbita que cruzaba la órbita de la Tierra. Este cometa, de enorme tamaño —posiblemente con un núcleo de hasta 200 km de diámetro— comenzó a desintegrarse al acercarse al Sol. En lugar de un solo objeto, se fragmentó en cientos de piezas de diferentes tamaños, creando una enorme corriente de escombros que hoy cruza la órbita terrestre.
La Tierra atraviesa esta corriente dos veces al año. La mayoría de los fragmentos son pequeños y se manifiestan como estrellas fugaces, pero algunos podrían ser de mayor tamaño. Los astrónomos estiman que en el futuro la Tierra podría encontrarse con objetos más grandes de esta corriente, aunque confían en que la tecnología moderna permitiría detectar y desviar cualquier amenaza.
Hay que convenir que en aquella época el arte había evolucionado poco a poco desde un estado relativamente bajo hasta alcanzar el nivel que atestiguan los monumentos megalíticos que aún se conservan, aunque hoy se encuentren en ruinas
