LOS NEFILIM ANDINOS

LOS CHULPA APUS LOS ARQUITECTOS DE LOS MEGALITOS ANDINOS

Siguiendo con nuestro sobre Copacabana de los Inkas ahora vemos al padre Baltazar dirigirse a otro punto del Tiahuanaco con el propósito de tomar nota de las antiguas quellcas para traducirlas en sus folios, calcando los dibujos de las placas de oro y recopilando las memorias de los ancianos maestros andinos.

Esta vez llega a un primer edificio. Frente a él se encuentra una princesa. El padre le preguntó por el origen de los megalitos o edificios: La ñusta, señalando los jeroglíficos y caracteres grabados en las piedras de las bases de cada torreón, respondió que las antiguas huacas se remontaban al primer año del tiempo, contado en doce lunas y siete días, de los cuales seis estaban destinados al trabajo y uno a la adoración de Inti y del Tupa Apusama, el Dios supremo que hoy también era reconocido como padre, hijo y espíritu.

Explicó que el hacedor supremo creó primero una gran masa primordial y luego dio origen a diversos seres: los Intis, Antilis, Ninahuaras, Lupiuaras y Patahuaras, encargados de organizar el mundo en seis días. Al séptimo día descansaron y adoraron al creador. Pero algunos de ellos se rebelaron y fueron castigados, arrojados a los abismos de la creación, mientras los fieles poblaron la Tierra.

A esta etapa la llamaban la primera época, caracterizada por grandes transformaciones naturales que hoy se conocen como las edades de la Tierra. En ese tiempo, los primeros Tainas levantaron huacas, torreones y pirámides incluso antes de que existiera el lago Titicaca.

Según la princesa, el territorio y sus pueblos atravesaron tres grandes épocas marcadas por rebeliones, cataclismos y renovaciones.

La primera edad terminó tras 66 años solares terrestres, dando inicio a la segunda dominada por los Chulpa Apus, gigantes primordiales considerados los cimientos del género humano. Esta edad concluyó con una gran destrucción causada por las aguas de la Luna, tras lo cual comenzaron las generaciones humanas conocidas.

La tercera época se inició con una nueva cuenta del tiempo que sumaba más de seis mil años. En ella surgieron nuevamente los pueblos del altiplano: Cuyaguas, Aimarus y otros.

Todo este conocimiento, aseguraban, estaba registrado con exactitud en los quipus y talismanes, cuyos colores y nudos no podían mentir, pues contenían las ciencias, las artes y la memoria del origen común de todos los hombres.

Mientras caminaban hacia el pórtico que conducía a la capilla insular, los visitantes quedaron sorprendidos al ver un conjunto de figuras solemnes bajo un dosel dorado. Allí se explicaba que, tras las guerras y devastaciones provocadas por los antiguos gigantes, los pueblos fieles a Inti construyeron ciudades fortificadas de piedra, huacas, torreones y murallas para protegerse y vivir unidos como hijos del Sol.

Estos hechos, junto con la historia del primer mundo, del diluvio y de las antiguas armas forjadas antes de la gran catástrofe, estaban narrados en los relieves de los pórticos y conservados como memoria sagrada para las generaciones futuras.

Según el relato de la princesa del Tiahuanaco, la Tierra ha tenido tres grandes épocas.

La primera es la más antigua, casi mítica. Corresponde a la primera renovación de la Tierra. En aquel tiempo todavía no existía el lago Titicaca y el mundo recién comenzaba a organizarse. Allí vivían dos tipos de seres: los Tainas, primeros hijos de la Tierra, y los ChulpaApus, gigantes patriarcales considerados los cimientos del género humano.

En esa era se levantaron las primeras huacas, torreones y pirámides. Apareció una humanidad gigantesca y poderosa, y comenzaron guerras devastadoras que recuerdan relatos similares presentes en textos antiguos como el Libro de Enoc. Esta primera era terminó en una gran catástrofe.

También en esta era se desarrolló la llamada edad de Inti, con una duración de 666 años. Durante ese tiempo el Sol gobernaba directamente el mundo y surgieron civilizaciones avanzadas y monumentales dominadas por los gigantes chulpas. El final de esta edad llegó tras una rebelión total y una destrucción masiva que provocó un colapso cósmico.

La segunda edad fue denominada la edad del Lupi Tata y Paximama, es decir, de la Luna y la Tierra.

En esta etapa ocurrió la destrucción de los chulpas mediante un diluvio provocado por las aguas de la Luna. Así pereció la humanidad gigante que dominaba el mundo. Sin embargo, algunas tradiciones sugieren que ciertos gigantes sobrevivieron en pequeño número, del mismo modo que en la Biblia se menciona la existencia posterior de gigantes como Goliat. Tras esta catástrofe surgió una nueva humanidad.

Esta segunda época corresponde a la humanidad posterior al diluvio. Aparecen entonces los Tainas del Inti, la nueva humanidad solar: los Cuyuas, Aimarus y otros pueblos andinos antiguos. La humanidad heredó conocimientos antiguos. Descubrió armas y herramientas de los gigantes entre las ruinas y ocupó antiguas ciudades megalíticas, conservando los símbolos de la civilización extinguida.

La tercera época comienza al final de la segunda y continúa hasta nuestros días. Es la era de las naciones humanas conocidas, donde el conocimiento antiguo ya no se crea, sino que se recupera de las ruinas del pasado.

Según el relato, los Chulpas eran gigantes patriarcas, primeros grandes habitantes de la Tierra tras la creación del mundo visible.

Los textos los describen como seres de enorme tamaño, fuerza y longevidad, nacidos en la primera época del mundo bajo el gobierno directo del Sol. A ellos se atribuye la construcción de huacas, torreones, pirámides y chullpas que existían incluso antes del diluvio. También fueron guerreros que fabricaron armas de piedra y proyectiles que siglos después los pueblos humanos solo descubrirían entre las ruinas.

Con el tiempo, sin embargo, los Chulpas se volvieron violentos y destructivos. Arrasaron campos, oprimieron pueblos y sembraron guerras entre los hijos de Inti. Por esta razón, el Sol y la Luna enviaron fuerzas para enfrentarlos: los Tapacas, los Cuyaguas y los Apumalcus.

Tras una larga lucha, los gigantes fueron derrotados, aunque no exterminados por completo. Finalmente, una gran inundación lunar marcó el final de su dominio y el comienzo de una nueva humanidad. Es sorprendente cómo diversas culturas del planeta comparten relatos similares sobre civilizaciones antiguas destruidas por cataclismos.

La Biblia también menciona una humanidad anterior al diluvio, donde aparecen gigantes llamados Nefilim, nacidos de la unión entre los llamados vigilantes y las hijas de los hombres. Estos seres habrían dado origen a una civilización poderosa, tecnificada y violenta que finalmente fue destruida por el diluvio universal. Tras la catástrofe, la humanidad habría comenzado de nuevo a partir de Noé.

Relatos similares aparecen también en la mitología griega con los titanes y gigantes que desafiaron a los dioses del Olimpo, así como en historias de criaturas híbridas como centauros y minotauros. Todo ello ha llevado a algunos investigadores a preguntarse si los gigantes —o sus herederos míticos como los hiperbóreos— pudieron haber estado detrás de las grandes construcciones megalíticas de la antigüedad.

Retomaremos estas ideas en nuestro reportaje: Sillustani y los gigantes andinos y su conexión con los megalitos de Europa.

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