¿FUERON LAS LÍNEAS DE NASCA PISTAS DE ATERRIZAJE DE LOS EXTRATERRETRES?

EL CANDELABRO UNA SEÑAL PARA LOS DIOSES

En 1965, cuando estuve en Perú pude ver un enorme «candelabro» de tres brazos de 250 m de altura, junto a la pared rocosa de la bahía de Pisco. Para nuestro viaje del verano de 1968, Hans Neuner y yo teníamos la intención de atravesar la zona para liberar, por lo menos, un fragmento de uno de los brazos, de la arena que lo cubría, con objeto de fotografiarlo…

La interpretación por parte de arqueólogos de que el candelabro de Pisco haya sido una señal para la navegación costera resulta poco convincente. Su emplazamiento dentro de una bahía impide que sea visible desde todos los puntos del litoral, y su tamaño parece excesivo para cumplir una función práctica en la navegación antigua, cuya existencia en épocas tan remotas es además dudosa. A esto se suma que la figura fue orientada deliberadamente hacia el cielo y no hacia el mar, y que no se aprovecharon las islas cercanas —visibles desde cualquier embarcación— como puntos naturales de orientación. Además, el entorno carece de elementos que atraigan a los marinos y la escasa profundidad de las aguas habría dificultado incluso el acercamiento de naves a la costa, reforzando las dudas sobre su uso marítimo.

LÍNEAS DE NASCA

Pero hay otros hechos que fortalecen mi teoría de que esta señal está dirigida «hacia el cielo». A sólo 160 km de Pisco en línea recta se encuentra la llanura de Nazca, con sus misteriosas marcas en el suelo, que se descubrieron sólo a finales de los años treinta de nuestro siglo. Desde entonces, los arqueólogos tratan de encontrar una explicación a estos sistemas de líneas geométricas, dibujos abstractos y rocas bien ordenadas sobre aquel pedregoso y llano desierto que se extiende sobre una zona de 50 km de longitud entre Palpa, al Norte, y Nazca, al Sur. A mí no me cabe la menor duda de que se trata de un «aeropuerto».

Al volver sobre esta llanura se advierte con claridad, incluso a gran altura, que hay líneas de «caminos» que se extienden durante kilómetros y que discurren en parte paralelamente, para entrecruzarse al fin, o bien forman trapezoides, con superficies de hasta 800 m de longitud. Entre estos «caminos», perfectamente rectos, se pueden reconocer los contornos de enormes figuras de animales, la mayor de las cuales mide unos 250 m entre sus dos puntos más lejanos.

Desde 1946, María Reiche estudió y protegió las líneas de Nazca, siendo la primera en medir y documentar sus figuras geométricas y animales. Descubrió que el terreno cercano al valle del Ingenio, debido a su clima extremadamente seco y a la casi nula precipitación anual, era ideal para crear marcas permanentes. La acción del viento y la oxidación formaron el llamado “desierto barnizado”, una superficie oscura que permitió trazar los geoglifos simplemente retirando las piedras superficiales y dejando al descubierto el suelo claro, logrando dibujos duraderos y visibles hasta hoy.

Sin embargo, queda la cuestión de saber quiénes fueron los autores de tales dibujos y por qué les dieron unas medidas tales como para ser reconocibles sólo desde gran altura, por ejemplo, desde un avión.

Durante mucho tiempo, la ciencia no prestó suficiente atención al fenómeno de Nazca y propuso explicaciones insuficientes, como que las líneas fueran caminos incas o canales de agua. Sin embargo, estas hipótesis resultan incoherentes, ya que las líneas no conectan puntos específicos, se interrumpen de forma coordinada, se orientan en todas las direcciones y adoptan formas de animales, lo que descarta que fueran simples calzadas o sistemas hidráulicos.

Me voy a permitir explicar mi teoría:

En alguna ocasión, en épocas muy antiguas, aterrizarían en las cercanías del actual pueblo de Nazca, sobre la llanura solitaria, seres extraterrestres inteligentes, los cuales construirían un improvisado aeropuerto para las naves espaciales que hubiesen de operar en las cercanías de la Tierra. Sobre esta zona ideal construirían dos pistas. ¿O acaso marcaron éstas con un material desconocido para nosotros? Una vez más, los cosmonautas realizarían su trabajo, para regresar luego a su planeta.

Sin embargo, las tribus preincaicas —algunas de las cuales observaron, sin duda, durante su trabajo, a aquellos seres extraños, tan imponentes para ellos deseaban ardientemente el regreso de aquellos «dioses». Esperarían durante años, y, al ver que no se cumplían sus deseos, empezarían a construir nuevas líneas sobre la llanura, de la misma forma que lo habían visto hacer a los «dioses». De este modo aparecerían las líneas que entrecruzan las dos primeras pistas.

Pero los «dioses» siguieron sin aparecer. ¿Qué errores habían cometido los naturales de la zona? ¿En qué habían podido disgustar a aquellos seres «celestes»? Entonces, un sacerdote recordaría que los «dioses» habían venido de las estrellas, y, en consecuencia, aconsejaría que se dirigieran las líneas hacia éstas. Así empezarían otra vez su trabajo, y de esta forma aparecían las líneas con su nueva orientación.

Pero los «dioses» seguían sin venir. Mientras tanto, habían nacido y muerto muchas generaciones. Hacía ya mucho tiempo que habían desaparecido los seres humanos que habían visto construir las pistas a aquellos seres extraterrestres. Las nuevas generaciones de indios sabían sólo por tradiciones orales que hubo una época en que llegaron a sus países unos «dioses» procedentes del cielo. Los sacerdotes convertirían los informes de los hechos en tradiciones sagradas y exigirían que se realizaran nuevos dibujos para los «dioses», a fin de estimular el regreso de éstos.

Pero como quiera que trazando líneas no habían conseguido resultado alguno, los naturales empezarían a escarbar el suelo, hasta obtener gigantescas figuras de animales. Primero representarían aves de todas clases, que simbolizarían el vuelo; luego les darían contornos fantásticos para conseguir, al fin, figuras de arañas, monos y peces.

En un círculo situado alrededor de Nazca se encuentran, en las paredes de las rocas, dibujos de hombres de cuyas cabezas parten rayos muy parecidos a las aureolas de los santos.

Surgió la hipótesis de una conexión directa entre el Candelabro de Pisco, las líneas de Nazca y las ruinas de Tiahuanaco, ya que estos puntos se alinean casi perfectamente en una misma línea recta. Si Nazca hubiese funcionado como un antiguo aeropuerto y el candelabro como señal de orientación, era lógico esperar marcas similares hacia el sur. En efecto, a cientos de kilómetros, en las cercanías de Mollendo y hasta los desiertos de Antofagasta, se han hallado grandes figuras geométricas en el suelo y en laderas montañosas, cuyo propósito sigue siendo desconocido. Entre rectángulos, flechas, escaleras y círculos radiales, destaca en el desierto de Tarapacá la imagen de un gigantesco “robot”, grabado en una pared rocosa casi inaccesible, reforzando el misterio de este antiguo sistema de señales.

ERICK VON DANIKEN

COMPILADOR: RAFAEL MERCADO

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