EL LEGADO DEL PADRE ZACARÍAS KUMARAMANGALAM, UN PEREGRINO DE LA FE EN AREQUIPA

En 1994, a los 42 años, el padre Zacarías Kumaramangalam dejó su natal Kerala, India, para iniciar una misión espiritual en el Perú. Su travesía lo llevó a Arequipa, la Ciudad Blanca, donde su carisma y entrega dejaron una huella imborrable en la comunidad católica. A lo largo de más de dos décadas, Kumaramangalam se convirtió en un pilar de devoción y servicio, particularmente en el Santuario de la Virgen de Chapi, el cual dirigió desde 2015.

El llamado divino desde Kerala

La vocación del padre Zacarías surgió temprano. A los 11 años, en el colegio parroquial Enmanuel de Kerala, sintió el llamado de Dios y se unió a la orden de los Carmelitas de María Inmaculada. Su formación lo preparó para afrontar los desafíos de su misión en un país lejano, con costumbres y un idioma desconocidos. “El idioma, la cultura, todo era distinto”, confesó en una entrevista, aunque destacó cómo la fe y la devoción de los peruanos le ayudaron a superar las diferencias.

Su servicio pastoral en Arequipa

Durante su tiempo en Arequipa, kumaramangalam desempeñó labores pastorales en parroquias de Tingo, Quequeña, Uchumayo entre otras. Sin embargo, su labor más destacada fue en el Santuario de la Virgen de Chapi, un espacio sagrado que recibe anualmente a miles de peregrinos de todo el mundo.

“Son más de 180 mil personas, más de 10 misas por día, más confesiones. Imagínese”, comentó sobre la intensidad de su labor en Chapi. La devoción a la Virgen era su motor y la razón por la que resistió dificultades, incluyendo amenazas de comerciantes que no respetaban su autoridad en el Santuario. A pesar de los insultos y acusaciones infundadas, el padre Zacarías siempre mantuvo su fe y compromiso.

Un milagro en Chapi

El fervor del sacerdote hacia la Virgen de Chapi no solo marcó su vida espiritual, sino que también lo salvó físicamente. En abril de 2013, mientras regresaba de Chapi, sufrió un infarto silencioso. Inicialmente, un médico inexperto lo diagnosticó erróneamente con gases estomacales. Sin embargo, tras varios días de malestar y un diagnóstico certero de un cardiólogo amigo, descubrió que tenía una arteria completamente obstruida y otra al 50%.

“Mi amigo médico me dijo que no se explicaba cómo estaba vivo”, relató el sacerdote. Después de una semana en cuidados intensivos y un tratamiento inicial en Arequipa, viajó a la India para someterse a una cirugía especializada. “Ahora sé que la mamita de Chapi me salvó la vida”, afirmó con convicción.

La batalla contra la enfermedad

En sus últimos meses, Kumaramangalam enfrentó un cáncer agresivo. Aunque recibió tratamiento en la India, su amor por Arequipa lo hizo regresar, a pesar del deterioro físico. Pasó la Navidad de 2024 en la parroquia de Tingo, rodeado de la comunidad que tanto lo apreciaba.

Finalmente, el 2 de enero de 2025, a los 72 años, el padre Zacarías falleció en la clínica San Juan de Dios. Según el arzobispo Javier del Río Alba, quien lo acompañó durante su enfermedad, su partida fue tranquila, como si se quedara dormido en paz.

El legado de un pastor incansable

El padre Zacarías dejó instrucciones claras para el futuro del Santuario: el reverendo presbítero Samuele Patat, su discípulo y vicerrector, asumiría el cargo de rector. Su vida estuvo marcada por la devoción a la Virgen, el amor por su comunidad y una fe inquebrantable.

“Con el corazón agradecido a Dios por el tiempo que lo tuvo con nosotros y por su dedicación al Santuario de Chapi, encomendémoslo en la oración”, expresó Monseñor Del Río Alba en un mensaje de despedida.

A pesar de su partida, la figura del padre Zacarías Kumaramangalam seguirá siendo recordada como un símbolo de fe y entrega en Arequipa. Su historia es un testimonio de cómo la devoción trasciende fronteras y deja un legado imborrable en las almas que toca.

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