Según Arthur Posnasky, la altiplanicie andina no tenía en aquellos tiempos la altura en que se encuentra hoy día, tampoco su frígido clima. De haber sido así, dice, habría impedido a la raza autóctona americana dedicarse a una obra tan gigantesca como lo es Tiwanaku y Pumapunku megalíticos, enigmas de la ciencia actual, restos inacabados admirados de la antediluviana metrópoli del hombre americano en los andes. Aunque algunos geólogos sostienen que desde que existe el hombre, o mejor dicho, desde que existe la humanidad, no han ocurrido en la superficie del globo terrestre grandes evoluciones tectónicas, en las que se sumergían unos continentes mientras se levantaban otros.

Pero es evidente que tales hechos sí han sucedido en el plioceno y más tarde aún, y siguen sucediéndose actualmente en pequeña escala. Dice Posnansky, hoy vemos cómo los deshielos y los movimientos de masas continentales siguen cambiando rápidamente la configuración terrestre a nivel físico y hasta geopolítico, como el caso del deshielo de Groenlandia, fenómenos provocados por evoluciones geotectónicas. Además se observa en la superficie terráquea una misteriosa oscilación ondulatoria que tiene por consecuencia la elevación y el descenso de ciertas partes de los continentes actuales.
En este mismo continente, América, se ve alzarse notablemente el borde occidental y toda la zona del pacífico, de Chile y del sur del Perú, hasta el litoral del Ecuador, en el cual ya se nota un fuerte descenso en la punta de Santa Helena y en la isla de Puná, en donde, a orillas del mar, existen restos de una fauna mamífera cuaternaria. Al extremo norte de la costa ecuatoriana se encuentran restos de pueblos y culturas contemporáneas a la conquista, sepultados bajo una considerable capa de agua, como se manifiesta en Coaque, ciudad visitada por Pizarro en su primer viaje.

Reiteramos, la parte occidental del continente sudamericano, o más bien dicho, las costas del sur del Perú y las de Chile, presentan, por el momento, como se hizo notar, un movimiento ascendente que lleva consigo las cordilleras con el altiplano andino, que se encuentra encerrado en ellas, las señales de la antigua línea acuática en toda la costa aludida.
En estas sacudidas que provienen de dislocación, causan un desnivel de la parte hundida, cuya consecuencia produce un cambio de la línea acuática. Está plenamente comprobado, por múltiples ejemplos, que estos grandes movimientos bruscos de la superficie de nuestro globo, son debido al enfriamiento del mismo, siendo la pulsación latente o el movimiento ondulatorio producido por causas que hasta hoy la ciencia ignora. Está fuera de duda que desde el primer destello del pensamiento humano, la parte habitada de la corteza terrestre ha sufrido muchos cambios.
Los antiguos sabios de Egipto, Grecia y Roma refieren la tradición heredada desde tiempo inmemorial de sus antepasados, que más allá de las columnas de Hércules, existió un gran continente habitado por pueblos de superior cultura, que bajo manifestaciones sísmicas desapareció. Quedó ya demostrado hasta la evidencia, que en el Eoceno había una comunicación terrestre entre la América del Norte y el Este de Asia, como también que se extendía tierra firme de la América Central hacia la Oceanía. Los sondajes marítimos, a profundidad, han demostrado que estas masas continentales se habían extendido antiguamente hacia el sur, hasta la Patagonia, encontrándose la parte más amplia en la región del Capricornio, mientras que en el centro se explayaba un inmenso lago.
