El Departamento de Arequipa es una de las regiones con mayor concentración de petroglifos de todo el mundo. Como ejemplo, tenemos Toro Muerto, entre otros lugares, donde en un pequeño espacio territorial se ubican más de 2.500 rocas con miles de grabados. Esto lo convierte en un lugar de visita obligada para la mayoría de los investigadores, tanto de Perú como del resto del mundo que visitan el país andino.
Sin embargo, existen otros lugares del territorio arequipeño que también registran gran abundancia de rocas grabadas con figuras de las más diversas características. En este caso, nos referimos al distrito de Yarabamba, situado a unos 35 kilómetros de la ciudad de Arequipa.

Cuando visitamos el lugar, fuimos muy bien recibidos, tanto por la Comandancia de la Policía de la Comunidad de Yarabamba, en nombre de su Comandante, quien nos atendió con toda gentileza y amabilidad, como por el personal del pequeño museo construido por una minera en plena Plaza de Armas de la población. Allí se encuentran en depósito y exhibidas al público una decena de rocas con grabados de diversas características, las cuales fueron rescatadas durante las labores realizadas por la empresa minera en superficies rocosas grabadas con figuras rupestres.
Debido a nuestro interés, las autoridades locales pusieron a nuestra disposición una guía especializada en petroglifos para que acompañara nuestra expedición, formada por la doctora española Beatriz Lamata, la señora Andrea Cavero de Lima y este servidor. En las varias visitas que hicimos a distintos lugares del distrito de Yarabamba, donde había petroglifos y otros restos arqueológicos e históricos, el sitio que más me llamó la atención fue el Alto de San Antonio. Este es un promontorio situado al sureste del pueblo del mismo nombre, ubicado entre la Quebrada La Zorra y el río Yarabamba o río Sogay.
En dicha loma, en un terreno de unos cinco mil metros aproximadamente, visitamos más de una veintena de rocas con petroglifos, de las 52 ubicadas en 1992 por el reconocido investigador peruano Eloy Linares Málaga, ya fallecido. Tuve el gusto de conocerlo y entablar gran amistad con él hace más de veinte años, en un Congreso Internacional de Arte Rupestre celebrado en La Habana y, posteriormente, en otro congreso en la ciudad de Cochabamba, Bolivia.
Este ilustre investigador peruano, autor del primer gran inventario de arte rupestre del Perú —recopilado en dos grandes tomos, los cuales poseo— nació, por casualidad del destino, en la villa de Yarabamba en 1926. Con respecto a la conservación y estado de los petroglifos, en algunos de ellos observamos un gran desgaste debido a la erosión. Otros, los menos, están bastante bien conservados. Hemos notado que en la loma hubo movimientos de tierra que probablemente hicieron desaparecer algunas rocas con grabados precolombinos, o que estas quedaran enterradas bajo toneladas de tierra.
En cuanto al muestrario de figuras grabadas por el hombre primitivo que pobló la región, quiero destacar —con gran sorpresa de mi parte— unas cuatro superficies rocosas que visitamos en el Alto de San Antonio. En ellas predominaban numerosas figuras de aves en posición de vuelo, idénticas a otras que ubiqué en el piedemonte andino venezolano en una docena de rocas de la región del estado Barinas, que estudié durante más de treinta años.
Tanto la disposición de las figuras como su forma son idénticas, lo que apoya la teoría que defiendo desde hace muchos años: la emigración de pueblos desde la región amazónica hasta la cuenca del Orinoco en Venezuela y Colombia. En este caso concreto, al piedemonte andino de la tierra de Simón Bolívar.
En dicha región ubiqué, conjuntamente con miembros de mi equipo del Centro Arqueológico Kuayude la ciudad de Barinas, diversas rocas con este tipo de figuras de aves en vuelo. Concretamente, en cuatro estaciones de las once identificadas, con casi un centenar de rocas en todo el estado.
Así encontramos estaciones de arte rupestre en Curbatí, Canagua, Bumbum y Las Lajitas, enclavadas en las cuencas de los ríos del mismo nombre —exceptuando Las Lajitas, donde las rocas con petroglifos se ubican en los bordes de la quebrada Minamón. La zona con mayor concentración de figuras de aves la hallamos abundantemente en las estaciones de Canagua y Curbatí, asociadas con figuras tridáctilas de carácter humano, formas geométricas como círculos concéntricos y espirales, formas antropomorfas, figuras zoomorfas (venados, felinos, serpentiformes y monos, entre otras).
Aquí debemos hacer una excepción respecto a las figuras de aves: en dos rocas situadas en la estación rupestre de Canagua encontramos que están totalmente grabadas solo con figuras de aves en vuelo. Es curioso que en todo el distrito de Yarabamba, en el departamento de Arequipa, solo hayamos encontrado aves en vuelo en el Alto de San Antonio. En Venezuela ocurre el mismo paradigma: fuera del estado Barinas no hemos ubicado en todo el país figuras de aves como las de las cuatro estaciones rupestres de ese estado del piedemonte venezolano, a una altitud media de 500 metros.
Por causas del destino, ubiqué las mismas figuras a varios miles de kilómetros de distancia, en el distrito de Yarabamba, a 2.700 metros de altitud media, en el Alto de San Antonio en Arequipa.
COLABORADOR PABLO NOVOA
