En Huancayo, entre los cerros donde la fe se mezcla con el aroma del pan recién horneado, existe un hombre que no se llama solo panadero: se llama sanador.
Su nombre es Hugo Ccollalla, y en su horno de barro da forma a uno de los productos más insólitos del folclore andino: el pan del susto, también conocido como Manchay Tanta, un pan “que cura el alma” según los huancaínos.
Para muchos médicos, el “susto” no es más que una reacción del sistema nervioso ante un trauma. Pero para la sabiduría ancestral, es algo más profundo: el espíritu que abandona el cuerpo después de una impresión fuerte, dejando a la persona vacía, enferma o, en los casos más graves, al borde de la muerte.
El susto, dicen, puede causar desnutrición, aislamiento, tristeza profunda, incluso suicidio. Es el alma que se ha ido y no encuentra el camino de regreso. Hugo conoce bien ese mal: “Yo mismo quedé paralizado por el susto, relata, todo mi cuerpo se puso verde. Sentí que iba a morir. Hasta que comprendí que este pan podía devolver el espíritu perdido.” Desde entonces, mezcló su oficio de panadero con su don de curandero.
En su taller, donde el humo del horno parece dibujar oraciones en el aire, combina trigo, cebada, maíz, quinua y un ingrediente secreto: el agua de siete espíritus, recolectada en ritos nocturnos. Y un detalle místico: el huevo de una gallina virgen, que jamás haya sido pisada por el gallo. “Ese huevo es pura energía, por eso el pan se vuelve milagroso”. Dice. Cada pan se hornea acompañado de rezos, invocaciones y hojas de coca. Luego, el curandero realiza un pequeño ritual de “devolución del espíritu”: se lleva al paciente hasta el río y deja que el agua arrastre el miedo, la pena y el mal. “El río se lo lleva todo, dice Hugo, el agua limpia y devuelve la alegría”.
Familias enteras aseguran haber sanado gracias a su receta: niños que dejaron de enfermarse, mujeres que recuperaron el sueño, hombres que volvieron a reír.
La demanda ha cruzado fronteras. “Me piden pan del susto desde todo el Perú, y ahora también desde el extranjero”, comenta con orgullo. Pero Hugo no solo hornea el susto. En su panadería prepara panes para distintas dolencias: el pan de mashua para la próstata, el pan de muña para la acidez y los cólicos, y el pan de maxuel para desinflamar las vías urinarias.