Desde su descubrimiento el 27 de diciembre de 2024 con el telescopio ATLAS en Chile, el asteroide 2024 YR4, que mide entre 40 y 90 metros de diámetro, ha sido objeto de un seguimiento intensivo por parte de la NASA y la ESA. A medida que se recopilaron nuevos datos, la probabilidad inicial de impacto para el 22 de diciembre de 2032 fue ajustada en varias ocasiones.
Según los datos presentados, el riesgo comenzó el 30 de diciembre de 2024 con una probabilidad mínima del 0.096% (1 en 1040), pero con el paso de las semanas y nuevas observaciones astronómicas, esta cifra ha aumentado considerablemente. Para el 18 de febrero de 2025, el riesgo alcanza un alarmante 3.1% (1 en 32), lo que eleva las alertas en la comunidad científica internacional. El 20 de febrero, la probabilidad descendió nuevamente al 0.28%. Paralelamente, la ESA también realizó sus propias estimaciones. A lo largo del día, la agencia redujo la probabilidad de impacto desde un 1.4% hasta un 0.16%.
Foto cortesía «Años Luz»

¿QUÉ PASARÍA SI IMPACTARA EN LA TIERRA?
Recordemos que, según la trayectoria del asteroide monitoreada por la NASA, este podría impactar en una franja que atraviesa varias ciudades densamente pobladas. Entre las zonas en riesgo están Bogotá en Colombia, Abidjan en Costa de Marfil, Lagos en Nigeria, Khartoum en Sudán, Mumbai en India y Dhaka en Bangladesh. Esta trayectoria cruza regiones de América del Sur, África y Asia, aumentando el peligro debido a la alta concentración de población en estas áreas. De confirmarse el impacto en alguna de estas ciudades, las consecuencias serían catastróficas tanto a nivel humano como ambiental.
Si el asteroide 2024 YR4 impactara la Tierra, generaría una explosión equivalente a varios cientos de megatones de TNT, dependiendo de su tamaño y velocidad. Un asteroide de unos 300 metros de diámetro podría liberar energía similar a 50,000 megatones, causando un cráter de hasta 5 kilómetros de ancho y profundidades cercanas a los 500 metros. La onda expansiva arrasaría áreas extensas, provocando incendios masivos, tsunamis si impacta en el océano y alteraciones climáticas globales debido a la eyección de polvo y escombros a la atmósfera, afectando la temperatura global durante meses o incluso años.
Un objeto de estas dimensiones tiene el potencial de causar daños en una región específica y, según la Agencia Espacial Europea (ESA), impacta la Tierra en promedio cada varios miles de años.

AUMENTA RIESGO DE IMPACTO CON LA LUNA
Tanto la NASA como la ESA modificaron la clasificación del asteroide en la Escala de Turín, un sistema que mide el riesgo de impacto en una escala del 0 al 10. Inicialmente, el objeto fue clasificado en el nivel 3, lo que indicaba que merecía atención por parte de astrónomos y agencias espaciales. Sin embargo, con los nuevos datos, la categoría se redujo a nivel 1, que significa que el impacto es “extremadamente improbable y no es motivo de atención ni preocupación pública”.
El proceso de observación de asteroides cercanos depende en gran medida de las condiciones de visibilidad. Durante la semana previa a la actualización más reciente, la luna llena dificultó la observación del asteroide 2024 YR4 debido a la excesiva luminosidad del cielo nocturno.
Sin embargo, una vez que la luna comenzó a menguar, los astrónomos lograron realizar nuevas mediciones con mayor precisión. Irónicamente, la NASA indicó que la probabilidad de impacto con la Luna ha aumentado ligeramente al 1%, aunque este valor sigue siendo bajo en términos de peligro real.
En el caso de un choque con la Luna, el profesor Gareth Collins, especialista en ciencias planetarias del Imperial College de Londres, asegura que la Tierra no enfrentaría peligro alguno, ya que cualquier material expulsado se desintegraría en la atmósfera. Sin embargo, el evento no pasaría desapercibido. Según el Observatorio Northolt Branch de Londres, el impacto podría generar un destello más brillante que la luna llena, visible a simple vista desde la Tierra. Se estima que la zona de impacto abarcaría desde el sur del Mare Crisium hasta el cráter Tycho, ambos ubicados en la cara visible del satélite.

¿HASTA CUÁNDO SERÁ MONITOREABLE ESTE AÑO?
El asteroide 2024 YR4 será observable desde la Tierra hasta principios de abril de 2025. Después de esa fecha, se alejará demasiado y se volverá demasiado tenue para ser detectado incluso por los telescopios terrestres más potentes. Sin embargo, telescopios espaciales como el James Webb Space Telescope (JWST) podrán continuar monitoreándolo. De hecho, se han programado observaciones con el JWST entre marzo y mayo de 2025 para obtener datos más precisos sobre su tamaño y trayectoria.
El próximo acercamiento significativo de 2024 YR4 a la Tierra ocurrirá alrededor del 17 de diciembre de 2028. Este evento proporcionará a los astrónomos una oportunidad valiosa para realizar observaciones adicionales y refinar aún más los cálculos de su órbita, lo que ayudará a evaluar con mayor precisión cualquier riesgo potencial de impacto futuro.
Es importante destacar que, aunque las probabilidades actuales de impacto son extremadamente bajas, las agencias espaciales continúan monitoreando objetos cercanos a la Tierra como 2024 YR4 para garantizar la seguridad planetaria y estar preparados ante cualquier eventualidad.

EL CRÁTER GIORDANO BRUNO, EL MÁS RECIENTE DE LA LUNA
Se formó tras un gigantesco impacto astronómico. La noche del 24 de junio de 1178, en Canterbury, Inglaterra, cinco monjes presenciaron un evento extraordinario: un meteorito de aproximadamente 2 km de diámetro chocó contra la superficie lunar, generando una explosión colosal que lanzó alrededor de 10 millones de toneladas de rocas al espacio.
En las «Crónicas de Gervasio de Canterbury» se detalla el impactante momento: «Alrededor de una hora después del atardecer del 18 de junio de 1178, un grupo de cinco testigos observó cómo el cuerno superior de la brillante luna nueva se partía repentinamente en dos. Desde el punto medio de esta división surgió una llameante antorcha que expulsaba fuego, brasas incandescentes y chispas. El cuerpo de la luna, carcomido, palpitaba como una serpiente herida».
El impacto dejó un cráter de 22 km de diámetro, visible desde la Tierra. Incluso hoy, se cree que la Luna sigue oscilando levemente en su órbita debido a ese choque. Se estima que, si esta colisión hubiera ocurrido en la superficie terrestre, habría causado una extinción masiva para la humanidad de aquella época.
