HALLAN WARU WARUS  ZOOMORFOS  CERCA DE SILLUSTANI

El paisaje de Sillustani no solo destaca por sus torres funerarias, sino también por ser un testimonio de la avanzada ingeniería hidráulica de los hatuncollas. En las laderas de los cerros adyacentes a la laguna de Umayo es posible identificar terrazas agrícolas o andenes, estructuras diseñadas para ganar terreno cultivable, pero también desarrollaron los waruwaru. Hay que recordar que hace miles de años, el hombre andino, desafiado por la orografía que genera la cordillera de los Andes, logró grandes proezas, legando a la humanidad la domesticación de animales como la llama y plantas como la papa o la quinua.

Pero tal vez el secreto más importante sean los waru waru. Estos consisten en una serie de plataformas de tierra rodeadas por canales de agua y ordenadas en hileras o figuras geométricas andinas. Waru en quechua es pedregal o montón de piedras.

Waru waru significaría camellones en la región del altiplano y la puna para los cultivos. Se construyen cavando canales y redistribuyendo la tierra en plataformas sobreelevadas con respecto a la superficie original del suelo. En una hectárea de waru waru solo hay 6,000 metros cuadrados de plataformas útiles para siembra, mientras que en una hectárea de área de suelo normal hay 10,000 metros cuadrados, es decir, un 40% más.

Sin embargo, en el aparente pequeño espacio del waru waru, la capacidad de producción es 10 veces mayor que en la agricultura tradicional. Según las experiencias con campesinos, la producción promedio de la papa es de 5 toneladas por hectárea, mientras que la producción promedio de waru waru es de 50 toneladas de papas por hectárea. Además, este ecosistema agrícola se vincula estrechamente con la ganadería.

Las llamas y alpacas no solo encontraban pastos frescos en los bordes de los canales, sino que su estiércol servía como abono natural necesario para mantener la fertilidad de las plataformas, creando un ciclo de producción autosustentable y altamente eficiente. Además, servían como piscigranjas de peces del altiplano, que a la vez servían como alimento a las aves que también fertilizaban estas tierras. Según nuestras investigaciones, los waru waru o sucacollos tienen más de 5,000 años y son un legado del mismísimo Huiracocha.

Sobre los tipos de waru waru, existen dos, hasta tres: los de trazos circulares y los de líneas paralelas. Algunos son muy antiguos y hoy permanecen ocultos bajo las aguas del lago Titicaca. Otros, en cambio, son más recientes o han sido rehabilitados desde la década de 1980.

Sin embargo, hay un detalle de enorme importancia: presentamos el tercer tipo de waru waru. En las cercanías de Sillustani se han identificado algunos que adoptan las formas de animales. Estas figuras, que recuerdan a los geoglifos de Nazca, abren una nueva y sugerente línea de investigación, pues indican que los sucacollos no se utilizaban únicamente para el cultivo mediante diseños prácticos o funcionales.

La presencia de estas figuras zoomorfas sugiere que también pudieron cumplir una función simbólica o ritual. ¿Se trataría de íconos religiosos? ¿Estuvieron vinculados a ceremonias relacionadas con el agua o incluso tuvieron un uso astronómico? Estos grandes waru waru parecen revelar que el paisaje agrícola andino fue, al mismo tiempo, un espacio sagrado y codificado. La investigadora italiana Amelia Carolina Sparavigna, del Departamento de Física del Politécnico de Turín, empleando imágenes satelitales de Google y examinando una red gigantesca de terraplenes que cubre unas 120,000 hectáreas de terreno próximas al lago Titicaca y Sillustani, halló estructuras que parecen representar aves y cuyos ojos son estanques.

La estudiosa italiana señaló además que algunas de las formas tienen un claro significado simbólico y se las puede considerar geoglifos. Entre las figuras destaca la de un cóndor. La red de terraplenes formaría parte de los restos de un antiguo y extenso sistema agrícola construido siglos atrás por las poblaciones andinas, que crearon un sistema de campos elevados con canales de drenaje, refirió la experta.

Apenas se conoció la noticia del hallazgo de una serie de geoglifos en los alrededores del lago Titicaca, los arqueólogos Fernando Sosa y Jimmy Bouroncle, de la Dirección Regional del Ministerio de Cultura, se trasladaron a las pampas de Ilpa con la finalidad de localizar uno de los geoglifos que fueron descubiertos por la investigadora italiana. Al llegar a las comunidades campesinas de Los Ángeles de Cotos y Cialé, que se hallaban muy cerca de Atuncoya y a la carretera Puno-Juliaca, encontraron restos de waru waru de la época prehispánica, correspondientes al Periodo Intermedio Temprano y pertenecientes a la cultura Pucará. La Dirección Regional de Cultura de Puno, a cargo de Gary Mariscal, señaló que su institución continuaría con los trabajos de identificación de los gigantescos geoglifos ubicados por imágenes satelitales.

Mariscal explicó que se ha detectado una cabeza muy similar a la de un cóndor y puede afirmar que existen evidencias arqueológicas de tecnología waru waru correspondientes al Intermedio Temprano Pucará. Manifestó: «En primera instancia nos corresponde comprobar las evidencias y proteger estas áreas a través de una resolución que declare patrimonio cultural estas zonas». Intrigados por estas imágenes que ya no se encuentran de forma fácil en internet, viajamos al lugar en la difícil tarea de hallarlas.

Nos tomó muchos años poder ubicar la zona exacta y dirigirnos al lugar. Además, tuvimos que utilizar un dron. Este es un aporte exclusivo de Mundos Ocultos de Diario Los Andes.

Estos animales no son meras casualidades. Algunas figuras aparentes incluyen la representación de un loro junto a aves locales como la parihuana o flamenco andino, y formas que recuerdan a un armadillo, animal propio de zonas más bajas de Sudamérica. El geoglifo de la parihuana es más estilizado y suele ser más difícil de distinguir si la luz no es la adecuada.

Se aprecia mejor durante el solsticio o al atardecer. Tiene de unos 25 a 30 metros de largo por unos 10 metros de ancho. Presenta un cuello largo y curvo, y patas delgadas; rasgos inconfundibles de la parihuana. La parihuana es un ave andina sagrada en el altiplano, cuya presencia en las orillas de la laguna de Umayo es frecuente.

Muy bien, estamos en Moro. Justamente ahí está la parihuana.Aca comprobamos que hay geoglifos con formas de animales y que podrían ser, además, el origen de las líneas de Nasca. Vamos a ir ahora a Sillustani a buscar el geoglifo más importante del Titicaca.

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