Como veníamos revisando en otras publicaciones, en una era anterior, en el antiguo Tahuantinsuyo, se produjo una gran inundación que destruyó una civilización andina. Los sobrevivientes, serían representados por dos leyendas: la de Manco Cápac y Mama Ocllo, y la de los cuatro hermanos Ayar.
Según la segunda leyenda, una vez que cesó el cataclismo, los cuatro hermanos Ayar y sus esposas: Ayar Manco y Mama Ocllo; Ayar Cachi y Mama Cora; Ayar Uchu y Mama Rahua y Ayar Auca y Mama Huaco, “reamanecieron” del cerro Tamputocco, en busca de tierras fértiles.
Otra historia que se cuenta, es que los hermanos Ayar, fueron guiados desde el Lago Titicaca, por galerías subterráneas o chinkanas, sin embargo, la referencia que más me llamó la atención fue que estos hombres líderes, en realidad representaban ayllus o familias que provenían de diferentes puntos cardinales. Los hermanos y sus ayllus, que cada vez crecían más, y al ver que llegaba la escasez de alimentos, producto de las inundaciones, dejaron tierras infértiles, y emprendieron el gran viaje. Ellos fueron llamados por Huiracocha, y su meta era buscar en el ombligo del mundo, el tupayauri de oro, cetro que representa el poder creador, y de autoridad, misma que al vencedor de ciertas pruebas, le daría derecho sobre las demás familias a aposentarse en el Qosqo, gobernar y reordenar al mundo que estaba sumido en el caos y la oscuridad.
LOS “TANPU”
Según Luis Valcárcel, los hermanos Ayar eran descendientes de una antigua y noble estirpe, los Tampu. Huamán Poma dice que “Tambo Inga pertenecía a la aristocracia del Kapaj Kuna y que se horadaban las orejas, “en su ley y ceremonia”. Garcilaso sostiene que los apellidos Urcos, Yucay, Tampu, por particular favor y merced, traían las orejas más abiertas que todas las otras naciones; pero siempre menos de la mitad del Rey Inka; Cristóbal de Molina, el del Cusco, reproduce una oración al Sol que, en parte, dice así: “Que haya Cuzcos y Tambos y sean vencedores y despojadores estos tus hijos de todas las gentes”.
Por último, el padre Bernabé Cobo nos informa que el príncipe Alonso Topa Atau, nieto de Wayna Kapaj, le aseguró que el idioma propio de los reyes incas fue el hablado por los indígenas del valle de Tampu. Aquí nos preguntamos si ese idioma es el “Tanpu o el Puquina”
Valcárcel remata: No queda pues, la menor duda de que hubo una agrupación de culminante papel en la historia del Cusco y del valle del Urubamba que tenía por nombre Tampu. Al salir los Tampus de la cueva Suty Toqo, el mito duplica esa aparición, porque otro tanto, aunque con nombres distintos, está ocurriendo con los Ayar. Tampu Toqo está en Pakarejtampu, hoy provincia de Paruro, hasta el siglo pasado provincia de Chilque y Masques.
LEYENDA ANDINA DEL ROCOTO AREQUIPEÑO
En este punto de mi investigación, me topé con una interesante leyenda culinaria Inka: “Luego que el gran Huiracocha, dios de los Inkas, decide que Ayar Manco y su esposa Mama Ocllo sean la pareja que llegarían al ombligo del mundo y ahí fundasen el Cusco. Uno de los hermanos, Ayar Uchu y su esposa Mama Rahua deciden cambiar su rumbo y se dirigen al sur-oeste, caminaron muchos días y cuentan que ambos se enfermaron de Bocio o Q‘oto. Ayar Uchu, en su afán de buscar la sal, empieza a cavar y cava tanto que murió a causa de su enfermedad, y es así que nace el cañón del Q‘ota Huasi (la casa del Cotoso). Uno de los cañones más profundos del Perú donde crece la Quinua Roja, color del fuego. Mama Rahua, mujer dueña del fuego, enferma igual que su esposo, y ante la muerte de Ayar Uchu, cuentan viejas leyendas, que ella muy acongojada decide hacer un “LLoqsi” (arrancar, sacar, expulsar) el tumor que crecía en su cuello, con gran dolor, la mujer dueña del fuego toma la determinación de extirpar la bola, el Bocio o Q‘oto. Arrancha el tumor que la agobiaba y lo lanza muy lejos y muere. Lanzar en quechua es “Rocotay”, en idioma Aymara es “Locotay”. En Perú el nombre de esa bola de fuego es Ro’qoto y en Bolivia es Locoto. Es cierto que esta leyenda es sólo eso, una leyenda, pero no dudo que también trata de explicar y trasladar cierta información de valor histórico.
AYAR UCHU
Volvamos a Valcárcel, en su libro Machu Picchu escribe: “Existe una equivalencia que se ha demostrado en otro estudio entre la leyenda mitológica de los cuatro hermanos Ayar y la tradición de las cuatro tribus fundadoras. Quedó, con visos de certidumbre, la hipótesis de que podía identificarse a cada hermano con cada tribu: Ayar Manco sería la tribu Masca, Ayar Uchu es tribu Tampu, y Ayar Kachi la tribu Mara, Ayar Auqa la tribu Chilke. Pensábase que Uchu o Ají debía corresponder al pueblo que fue a cultivarlo en la zona intertropical o región Tampu. De otro lado, como se ha visto, el tratante en coca era llamado Tampu-kiru, en lengua aymara. Ají y Tampu vuelven a asociarse en el valle arequipeño, principal productor de ese pimiento. Los Tampu penetraron en los bosques amazónicos y uno de los grandes ríos lleva su nombre, aquel que se une al Urubamba: el Tambo”.
Sigue el historiador: “El recuerdo de los Tampu no se borraba cuando en 1572, en las Informaciones del virrey Toledo, figuraban un Tampu Uskamayta entre la descendencia de Mayta Cápac y un Tampu Toqo en la de Inka Roca. Los Tampus no eran originarios del valle que lleva su nombre, puesto que, según el mito, aparecieron en Paruro, en la hoya del Apurímac. Se explica el decaimiento en la generación de los fundadores y el prolongado lugar de aparición por dos razones de índole mitológica: según una versión, después del diluvio que acabó con la especie humana, los primeros nuevos hombres son los salidos de Pakarejtampu (cuevas de Tampu Toqo), que llevan los dos nombres, según Gamaniel Churata: de Maras Toqo, Sutij Toqo y Kapaj Toqo, que fundan el imperio incaico. Según otra versión tradicional, los Ayar salen de Tampu Toqo, pero han llegado allí por un camino subterráneo que comienza en el cerro Kancharina, a orillas del lago Titikaka, la huaca paqarina o fuente universal de la vida. Encabezados por los Maskaj o «buscadores», llegan primero al valle del Cusco, siguiendo el itinerario que figura en el mito de los Ayar, con estaciones en Wanabirka, Tampukiru, Pallata, Yauriski, Kimraykancha, Wanakauri, Matara, Kollkapampa y Wanaypata. El mito hace desaparecer sucesivamente a tres de los hermanos, quedando como único señor, con las mujeres, Ayar Manco (o los Maskas). Los Tampu y los Maras se marcharon al valle medio del Urubamba y los Chillkes volvieron a la hoya del Apurímac…»
Según lo que vengo evaluando no estoy plenamente seguro si Ayar Uchu es originario del Valle de Tampu, y en su afán de moverse llega al actual Cusco, o como también hemos revisado, luego de su paso por el Cusco, y al perder el derecho de gobernarlo decide enrumbar a Arequipa, donde se asentaría hasta el final de sus días, o tal vez ambas ideas sean correctas, salió del Valle de Tambo y luego volvió él o su familia, al lugar de su origen. Otra cosa es que es innegable la asociación que puede hacerse entre el ají y el rocoto, y entre el sector geográfico donde se puede cultivar. En la referencia a que esta pareja mítica de hermanos Ayar son los dueños del fuego, y los volcanes del Valle de Arequipa, encontramos otra gran coincidencia.
En nuestro próximo número desarrollaremos más esta idea, solo como un adelanto mencionaremos que es probable que Ayar Uchu tenga una relación profunda con el Valle de Tambo de Arequipa. Recordemos que El Valle de Tambo, es una región geográfica entre el desierto costero del departamento de Arequipa, y que fue el pueblo puquina el primero en poblarlo. Recordemos que es el idioma puquina el sagrado idioma secreto de los inkas.
Luego vendrían posteriores ocupaciones como el Imperio Tiahuanaco-Huari entre los 300 a 1400 años d. C., posteriormente fue anexado al Imperio Incaico de 1400 a 1540 años d. C., los inkas conocían al valle con los nombres de Tampupailla y Tambopalla. El primer registro moderno del Valle se da en el 22 de enero de 1540, cuando el conquistador español Francisco Pizarro lo entrega a don Diego Hernández como parte de repartos de bienes entre los conquistadores hispanos.