Y LA FORMACIÓN DE SUS PRIMEROS PUEBLOS
Como ustedes saben, vengo proponiendo desde hace un buen tiempo que han existido al menos dos periodos de gobernantes inkas, el primero es correspondiente a un tiempo remoto, cuando el mundo se reordenaba después del diluvio andino o “Unu Pachacútec”. En esta etapa los inkas paleolíticos sobrevivientes de una poderosa cultura luchaban por sobrevivir y mantenerse en pie, ellos no lograron una expansión importante o trascendencia. Después de Manco Cápac y sus descendientes, la historia cambia pues estos nuevos inkas, llegarían a consolidar el reino del Tahuantinsuyo y pasar a la historia como una de las civilizaciones más avanzadas y extensas del mundo.
Como un parte aguas de esta gran historia se encuentran los hermanos Ayar, quienes son los patriarcas del nuevo mundo andino. Esta leyenda es una de las principales que intenta explicar el origen del imperio inka, habla del peregrinaje de hombres salidos del inframundo, que intentan civilizar a los hijos del caos, reorganizar a los indígenas es su tarea. Luego entre ellos se da una lucha de poder. Ayar Manco consigue coronarse como el principal rey, y su estirpe guiará a los pueblos conquistados, con las enseñanzas del hacedor Huiracocha, Tunupa o más adelante el Sol…
Empecemos. Según el renombrado arqueólogo, historiador y educador arequipeño, Dr. José M. Morante La historia preinca de Arequipa comienza con los Tiahuanaco y dice:
“Hasta hace poco se ignoraba su prehistoria, despertando hoy la inquietud de los estudiosos del pasado, que creen que su territorio constituye el broche que une las culturas importadas del litoral con la de Tiahuanaco, o considerando esta como engendro de aquellas. Durante el Incanato, Arequipa perteneció al Cuntisuyo y fue grande la influencia cusqueña sobre su cultura, como lo denuncian la cerámica, textilería y arte lítico encontrados en las tumbas y ruinas del Departamento” (Morante -1940).

AREQUIPA EN EL PERIODO TIAHUANACO
La Civilización del Imperio de Tiahuanaco se irradió por todo el Departamento de Arequipa, dejando huellas inconfundibles de su arte cerámico característico, que lo denuncia en las ruinas y excavaciones. En el litoral de Arequipa se puede apreciar, en excavaciones verificadas, el estrato Tiahuanaco superpuesto al protonasca (¿Paracas?) e inferior al Incaico.
Continúa el Dr. Morante: Los cacharros (vasijas) con ornamentación y líneas angulosas y esquinadas reemplazan ordinariamente la forma curva que caracteriza la ornamentación de la cerámica protoide. Las líneas blancas o cremas, negras o plomas, en fondo ocre, rojo o indio, y sus peines de cobre no conocidos por los protonascas, revelan la influencia más que de Tiahuanaco puro, mestizo en su gran mayoría; lo que hace pensar en un arte local arequipeño.
En los ceramios extraídos de Churajón, Camaná, Chuquibamba y Pacchana, se advierte con frecuencia la forma típica del kero, semejantes a los cusqueños de madera que llevan igual denominación; pero los que estudiamos tienen más arriba de la medianía una especie de cinta en relieve que ciñe la forma cilíndrica del vaso, que ostenta en algunos una cara antropomorfa en relieve. Los hay también de otras formas: tazas, platos, garrafas, recipientes, cántaros con cabezas antropomorfas en el gollete.
La ornamentación de estas vasijas es variada, pero característica: grecas, signos escalonados, círculos, líneas rectas, volutas, rectángulos, etc.; notándose cierta combinación de la ornamentación tiahuanaquense con el naciente estilo chuquibambino/arequipeño.

DECADENCIA DE TIAHUANACO
La civilización Tiahuanaco, después de su grandioso apogeo, declina como todo lo humano hasta desaparecer, quedando de ella muy poco que admirar, como la Portada del Sol, algunos ídolos, pilastras, dólmenes, menhires y las ruinas de la Akapana y Pumapunku. Su organización admirable fué reemplazada por la decadencia general, la anarquía y el surgimiento de conglomerados locales de poca extensión, tanto en la sierra como en la costa. La causa de este cambio no se ha determinado; pudo ser un cataclismo o una invasión conquistadora. Lo cierto es que, producida la decadencia en cada valle del litoral y de la sierra, se forman agrupaciones de tribus que con el tiempo dan sus nombres a los lugares que poblaron.
FORMACIÓN DE PUEBLOS
Es así como la tribu de los Accari dió origen al nombre del actual valle de Acarí; la de los Ucunas, al de Ocoña; la de los Camanas o Camatas, al de Camaná; las de los Qquellecas, a Quilca en la costa; la de los Antaray, a Andaray; la de los Huiracco, Yanaqquehuay, Pampacolca, etc., a Viraco, Yanaquihua, Pampacolca en la sierra. De igual manera se forma la toponimia de los diversos distritos y nombres antiguos de las calles de Arequipa, como Yanahuara, Huañamarca, etc.
“Por este tiempo hubo descentralización, dispersión, autonomía e independencia de las múltiples localidades. En ellas gobiernan los caciques que, en número de uno, dos o tres, según la importancia del valle que ocupan, ejercen desde entonces la influencia determinante de nuestros gamonales de hoy”. (Morante -1940).
Durante este período se inicia el beneficio del cobre y el bronce con su aleación con el estaño, la plata y el oro. Se delimitan las ocupaciones, habitando los pescadores las proximidades del mar y de los ríos, mientras que los agricultores ocupan la parte alta de los valles, fomentándose el comercio de trueque con los productos de la costa y la sierra.
De este modo, la influencia del Imperio de Tiahuanaco se extiende por el departamento de Arequipa, penetra hasta su litoral y se superpone al protonasca, siguiendo en su expansión las rutas que marcan los ríos que desembocan en la cuenca del Pacífico.
“Por eso, en todas las excavaciones que se practiquen o ruinas que se exploren en el departamento de Arequipa se encontrará, en forma pura o epigónica, la influencia del imperio de Tiahuanaco, ya sea en la ornamentación o forma de sus vasijas o en sus peines y pectorales de cobre, metal que no llegaron a beneficiar a los protonascas, pero en cambio son finos orfebres auríferos”.

ETIMOLOGÍA AYMARA DE AREQUIPA
Esta parte es muy interesante en el estudio del Dr. Morante. Señala que muchas etimologías se le dan al nombre con que se le conoce hoy a la campiña arequipeña y por extensión a todo el departamento. “Middendorff convence con su etimología aymara. Dice que Ari significa punta o filo, y por extensión el pico del monte; que qquipa quiere decir detrás, quedando entonces que Arequipa da a la región situada detrás, con respecto al Collao, del cerro que acabe en punta”. Opiniones autorizadas afirman que al oeste de la zona quechua que comprendía desde Arequipa al sur, había un antiquísimo dominio aymara de donde proviene la toponimia de muchas localidades de nuestro departamento, entre ellas la de la provincia de los Collahuas, primeros pobladores de las campiñas de la Arequipa actual.
LOS PRIMEROS POBLADORES DE AREQUIPA
Pero vayamos más atrás. Según las recientes investigaciones arqueológicas de Augusto Cardona Rosas la prehistoria de Arequipa comienza con la aparición de grupos de cazadores y recolectores, que se desplazaban por los distintos ambientes del territorio aprovechando los recursos de los valles, quebradas, zonas altas y litoral. En el área del valle de Arequipa, el Arqueólogo ha identificado evidencias de estos antiguos grupos en lugares como Guanaqueros y Ccacana, en Yarabamba, y la cueva de Puntillo, en Yura. Sus instrumentos de piedra y los restos de sus actividades permiten reconstruir una sociedad todavía móvil, anterior a la agricultura y a la formación de aldeas permanentes. Cardona destaca además la importancia de las antiguas rutas y sendas utilizadas por estas poblaciones, pues “los primeros caminos de Arequipa no fueron grandes obras estatales, sino recorridos creados por la movilidad de cazadores, recolectores y posteriormente por comunidades dedicadas al intercambio”.
Con el paso del tiempo, aquellas poblaciones fueron transformando su manera de ocupar el territorio. La agricultura, el manejo del agua y la construcción de terrazas permitieron una ocupación más estable de los valles. Durante el desarrollo prehispánico de Arequipa se sucedieron y relacionaron distintas tradiciones culturales, entre ellas Tiwanaku, Wari y, posteriormente, las sociedades locales Churajón y Chuquibamba.
En el valle del Chili, Cardona concede particular importancia a los asentamientos y a la transformación del paisaje mediante andenes, canales, caminos y poblados, proceso que puede observarse en lugares como Yumina y otros asentamientos del valle. Su investigación de Yumina, por ejemplo, identificó sectores residenciales correspondientes a los períodos Churajón e Inca, además de materiales asociados a tradiciones Tiwanaku y Chuquibamba. Esto muestra que el valle no fue un espacio vacío que los Incas encontraron y ocuparon por primera vez, sino un territorio con una larga historia de poblaciones, intercambios y transformaciones anteriores al dominio cusqueño.
El complejo de Churajón evidencia una sociedad agrícola capaz de organizar grandes extensiones de andenes, sistemas de irrigación, caminos, poblados y espacios funerarios. En este período el paisaje de la campiña arequipeña comenzó a adquirir buena parte de la fisonomía agrícola que posteriormente encontrarían los Inkas. La arqueología de Cardona, por tanto, permite entender la historia del valle como un proceso continuo. Primero los cazadores y recolectores, luego las comunidades agrícolas y aldeanas, las influencias de Tiwanaku y Wari, el desarrollo de sociedades regionales como Churajón y Chuquibamba, y finalmente la incorporación de estos territorios al Estado Inka.
