EXPERIENCIAS PARANORMALES CON GUSTAVO CERATI EN AREQUIPA

Hace doce años Gustavo Adrián Cerati Clark se fue a dar una vuelta por el universo. Su fama como uno de los mejores exponentes del rock de Sudamérica, ha trascendido la música, por el hecho de ser considerado una especie de gurú; y quizás esto ha hecho que no se haya ido del todo. Actualmente Cerati es parte del arte y de la cultura popular. Su paso por Soda Stereo lo sitúa en el número de los rankins de agrupaciones rockeras. Pero su carrera en solitario atrajo a un grupo importante de oyentes que han descubierto en él a un maestro de la filosofía contemporánea, de lo místico, lo mágico, lo esotérico. Hoy nuevas generaciones lo han descubierto, y no extraña que su imagen aún sea explotada como, por ejemplo, por Soda Stereo devolviéndolo a la vida para sus shows mediante tecnología holográfica e inteligencia artificial a pedido del mercado.

Mi admiración por Gustavo Cerati, y quizás la suerte me llevarían a conocerlo… Recuerdo que un día tomé un taxi y no sé por qué la conversación con el chofer nos llevó a hablar sobre la magia. Estacionó a mitad del camino, asustándome, y me reveló que era un poderoso brujo; sacó un cigarrillo de su guantera y lo fumó entero, sin dejar caer la ceniza. Me enseñó que la intención al hacerlo debía ser firme, así podría cumplir mis deseos, este ritual es capaz de traer a mi presencia a quien yo quisiera —me dijo.

Soy músico también me olvidé de contarles, y bueno, para esto yo recién había terminado de grabar mi disco, donde incluí una versión en inglés de una canción de Soda Stereo, mi sueño era poder entregárselo a Cerati. Como les digo, un deseo algo imposible. Volviendo al pseudo secuestro, el taxista interrumpió mis pensamientos y me alcanzó un cigarrillo, pidiéndome que haga el ritual; lo fumé tal cual me dijo y, sin dejar caer la ceniza, lo deposité junto a mis esperanzas en un cenicero. Así es, pedí conocer a Cerati.

No pasó mucho tiempo y Gustavo Cerati anunció que Arequipa estaba incluida en su próxima gira como solista; corría el 2006. Recuerdo que una amiga trabajaba en un hotel importante de Arequipa y, por cosas del destino, me comentó que Gustavo estaría alojado allí; incluso me dijo a qué hora saldría a hacer la prueba de sonido. Tomé algunas copias de mis discos y salí para el hotel. No esperé demasiado; tampoco había mucha gente, éramos tres chicos que lo acechábamos afuera, adentro del hotel también esperaba una periodista, con el cabello muy azul, que lo había entrevistado para un medio local.

Un gigante argentino salió por la puerta abrazando a una modelo muy guapa: era Gustavo Cerati. La tensa calma se rompió y los tres lo abordamos, los dos jóvenes le regalaron un cenicero con la forma del Misti y además la llave de la ciudad —Gustavo es para que pongas tus cigarros porque sabemos que te gusta fumar mucho. A él le encantó el obsequio.

Yo alcancé a darle mi disco y le pedí que lo escuchara; recuerdo que solo me recibió una copia y me dijo que era más que suficiente (yo había llevado cerca de 8 copias y rechazó llevarse el resto). Al ver mi dilema, Richard Coleman, otro gran artista conocido como el «cuarto Soda», se me acercó y me dijo que él se los llevaría y los repartiría por la Argentina. Lo elogié por su fabuloso trabajo con Los 7 Delfines, banda del momento, donde tocaba.

Luego del intercambio de presentes, se tomó una foto con cada uno de nosotros. Yo no llevé cámara, pero los chicos sí, me hicieron una instantánea con él y prometieron darme una copia. Recuerdo que fue en cámara de rollo, no existían celulares. Los chicos me dijeron: “Oye, contigo la foto salió increíble porque Cerati posó”. Quedaron en darme la foto, pero eso nunca ocurrió. Los años pasaron y nunca tuve evidencia de ese encuentro hasta que, cerca de 20 años después, la chica de cabello azul, ahora una gran amiga, Andrea Quevedo, extraordinaria productora visual, me llamó y me dijo que, buscando en sus archivos, se dio cuenta de que me había tomado una foto aquella vez. En la foto salgo entrevistando a Cerati; ya saben, soy periodista y también aproveché para hacerle algunas preguntas.

LA FRECUENCIA CERATI

No soy un experto, pero he escuchado que hay muchos canales de YouTube especializados en rastrear las actividades de Gustavo Cerati en el otro plano, gente que ha sido contactada por él a través de los sueños o canalizadores exclusivos del maestro, y creo que debe ser cierto porque yo viví una experiencia muy surrealista con él en mis propios viajes oníricos. Pero antes tengo que relatar algunas experiencias paranormales.

Hace unos años, antes de la pandemia, comencé a investigar leyendas urbanas, que decían que Gustavo Cerati venía de incognito a Arequipa, también quería relatar su conexión con nuestra ciudad a través de sus presentaciones icónicas en las últimas décadas, eso me llevó a conocer a grandes amigos y fanáticos de Soda. Chis y Abdel son algunos de aquellos.

El reportaje para el Diario estaba listo y se publicó, el mismo fue leído con satisfacción por mis amigos, eso intensificó nuestras llamadas telefónicas en la pandemia. No cortamos para nada nuestras conversaciones fanáticas sobre Soda Stereo incluso pensamos hacer un podcast, pese al encierro. Pero el destino tenía algo más siniestro preparado para nosotros. Chris sufrió un accidente y a los pocos días murió. Abdel se sentía muy triste por ello, así me lo hizo saber algunos días antes de lo que les voy a contar.

Esa noche, como todas, me acosté y dormí sin novedad; pero a eso de las tres de la madrugada me despertó un ruido. Abrí los ojos y vi que en la penumbra, cerca de mi baño, se dibujaba una silueta humana completamente negra. Ingresó a mi cuarto, pero yo no estaba paralizado, como dicen quienes han visto a la «gente sombra». Opté por engañar al extraño visitante y me hice el dormido. Eso se acercó a mi cama y se sentó al lado mío; sentí cómo la electricidad o estática recorrió todo mi cuerpo. Claro que tuve miedo, pero yo seguí haciéndome el loco, aunque mi cuerpo me delataba. Trató de tomarme de las piernas; no sé si recé, pero después de luchar con la sombra, esta desistió de su intento de llevarme y se fue. Sentí cómo la habitación se descargó y, aunque no lo crean, ya estaba acostumbrado a estos sustos, así que lo consideré como un mal sueño y traté de superar el evento. A la mañana siguiente, una llamada me paralizó: Abdel esa madrugada había muerto.

Esta tragedia me dejó sumamente triste y el encuentro con la sombra me preocupó. Recuerdo que mi amigo Chris vaticinó su propia muerte en un post de Facebook, y una semana antes me contó que presentía que vendría un gran terremoto que acabaría con todo el Perú; soñó que sacaban al presidente de Palacio entre ruinas, muerto.

Una de tantas noches, tuve un sueño muy raro donde Chris me decía que se sentía muy solo en el otro lado de la ciudad donde ahora vivía, que pese a que visitaba a sus padres y a sus lugares favoritos de la Tierra, como nadie lo veía ya quería irse y descansar; me dijo que se iba y que no volvería a visitarme.

Creo que pasó como un mes de lo sucedido y tuve uno de los sueños más extraños de mi vida: estaba en un lugar así como Cerro Juli, en el Jardín de la Cerveza, pero estaba en medio de colinas verdes, amplias y vastas, y yo estaba en la fila para ingresar acompañado por Chris y Abdel. Ambos estaban contentos de verme, muy felices. De pronto vi a Gustavo Cerati en el gran escenario junto a una banda, y él, vestido como un príncipe con capa y terno blanco, tocaba todo su repertorio; todos estaban extasiados. Yo para nada entendí que todos estaban muertos o eran espíritus; eso lo supe después cuando recordé que todos vestían de blanco salvo yo, que tenía jeans y un polo de algún color: yo era el único que desentonaba en la fiesta.

Hace unos días entrevisté para mi canal Matergia, a una amiga que me contó que nunca fue fanática de Cerati; es más, no le gustaba Soda Stereo. Ella pasaba por un mal momento, sus padres le exigían que ingresara a la carrera de música que tanto le gustaba, pero ella estaba pensando en retirarse del arte en general. Una noche soñó con un halcón blanco que ingresó por su ventana y que la condujo por un paisaje onírico; de pronto, allí en el fondo apareció una imagen gigante de Gustavo Cerati con una amable sonrisa y le dijo que no renunciara, que siga en la música. Desde entonces ella escucha Lago en el cielo y Puente, y siente que esas canciones vienen del más allá, de dimensiones superiores donde habita el espíritu de Cerati.

La Frecuencia Cerati, según mi amiga, sería el mismo Gus que está en varios lugares a la vez, entre dimensiones, donde se comunica con su real ser, que habita en el séptimo cielo, en el Axis Mundi; pero también viene a dar una vuelta por la Tierra a inspirar a jóvenes músicos que necesitan una mano, una palabra de aliento para no rendirse en este injusto camino que puede ser el vivir de tu música, de tus sueños. Se aparece para elevar la conciencia de las personas, así como lo hizo en vida, en multitudinarios conciertos que elevaban la frecuencia planetaria. Él está visitándonos, sirviendo de inspiración con la música de las esferas, a través de un adorable puente que se ha formado entre nuestros mundos.

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